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Desesperación, lágrimas y frustración se apodera de las familiares de las víctimas

Una gran desesperación, muchas lágrimas e impotencia dominan a los familiares y amigos de las víctimas del accidente aéreo ocurrido el martes en el aeropuerto Congonhas, de Sao Paulo, que hoy comenzaron a llegar al lugar del suceso.

Una gran desesperación, muchas lágrimas e impotencia dominan a los familiares y amigos de las víctimas del accidente aéreo ocurrido el martes en el aeropuerto Congonhas, de Sao Paulo, que hoy comenzaron a llegar al lugar del suceso.
Veinticuatro horas después del accidente, que dejó cerca de 200 muertos, continuaba saliendo humo de entre los escombros y emanaba un desagradable olor a quemado.
Los equipos de rescate seguían las labores para recuperar los cadáveres, aunque empezaron a utilizar máquinas, en una señal clara de que no hay supervivientes.
Excavadoras mecánicas y grúas permitían a los bomberos retirar piezas como una turbina del avión accidentado, un Airbus A320 de la compañía TAM que realizaba el vuelo entre Porto Alegre y Sao Paulo, y bloques de cemento del edifico contra el que colisionó tras recorrer la pista, pasar la barrera de seguridad y atravesar una avenida paulistana.
Durante las operaciones, se vieron algunos bomberos recogiendo restos humanos totalmente carbonizados, aunque, por lo general, y tras las primeras imágenes de confusión, los equipos han procurado en todo momento cubrir a las víctimas con plásticos y ocultarlas de la vista de curiosos.
Aún no se dispone de una cifra definitiva de víctimas, pero los bomberos y el presidente de TAM, Marco Antonio Bologna, confirmaron que no hay sobrevivientes entre los 186 ocupantes del avión.
Sumadas las víctimas que estaban en tierra, el número de fallecidos puede llegar a los 200.
Las tareas de los bomberos se veían dificultadas por el amasijo de escombros, hierros y metal del avión, así como por la amenaza de desplome que presenta el edificio contra el que chocó el aparato.
La aerolínea informó que hoy debían llegar al menos 150 familiares de víctimas en tres vuelos diferentes, uno de los cuales lo hizo por la mañana con 67 parientes y los otros dos tenían previsto el aterrizaje por la tarde.
El accidente estuvo seguido por escenas casi de violencia de familiares que exigían información a la aerolínea y que se derrumbaban en sollozos y dolor al conocer la lista de pasajeros.
Una mujer cuyos hijos estaban en el avión siniestrado se desplomaba en llanto al conocer el suceso.
Todos los parientes han sido llevados a hoteles de Sao Paulo para una espera que puede prolongarse varios días, ya que, aunque se prevé completar hoy la recuperación de cadáveres, su identificación será ardua y penosa.
Jerri Adriani, un auxiliar administrativo de 29 años, contó a Efe que su tío, quien viajaba con su mujer y dos niños de 10 y 13 años, volvía de pasar sus vacaciones en Gramado (estado de Rio Grande do Sul), pero como era de Sao Paulo quiso hacer escala en la ciudad.
"Quería darnos una sorpresa, y bien que nos la ha dado", ironizaba el hombre, quien supo que sus familiares estaban en el avión por un amigo del fallecido.
La compañía pidió a las familias que informen de tatuajes, lleven radiografías u otros exámenes médicos que ayuden a la identificación de los cadáveres, muchos de ellos irreconocibles, ya que la colisión provocó un enorme incendio y la gran mayoría de las víctimas está carbonizada.
Las autoridades daban hoy prioridad al rescate de cadáveres y, en una fase posterior, esperan recuperar elementos que ayuden en la investigación, aunque una de las cajas negras ya ha sido encontrada.
Las imágenes dantescas del desastre han comenzado a circular por todo el mundo, gracias a la prensa, pero también de muchos transeúntes y curiosos que han acudido al aeropuerto y disparan sus objetivos para captar fotografías que han enviado a los medios.
Diez meses después del accidente sufrido por un avión de la compañía Gol, que causó la muerte de 154 personas cuando sobrevolaba la Amazonía, Brasil vuelve a vivir escenas de dolor por un desastre aéreo.
La proximidad temporal entre ambos accidentes ha suscitado numerosos comentarios de indignación de políticos, trabajadores del sector y de simples ciudadanos, en un momento crítico pues los problemas denunciados en septiembre no solo no se han solucionado, sino que la situación se ha deteriorado.
Un ex funcionario de la compañía área Varig acudió al lugar del suceso para protagonizar una solitaria, pero firme, protesta con un cartel que rezaba "quien tiene boca, abuchea a Lula", en una alusión a los silbidos que el presidente Luiz Inácio Lula da Silva recibió el pasado viernes en la inauguración de los Juegos Panamericanos.
Un grupo de controladores aéreos que prefirió no ser identificado, ya que son investigados por su presunta participación en las protestas que paralizaron varias veces los aeropuertos en Brasil, denunció en declaraciones a los medios la inseguridad de la pista del aeropuerto de Congonhas.

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