El millón largo de refugiados iraquíes comienzan a pesar demasiado en Siria
El millón largo de refugiados iraquíes comienzan a pesar demasiado en Siria, sobre todo porque son los más desfavorecidos los que eligen este país, mientras que Jordania o Egipto acogen a otros más acomodados
El millón largo de refugiados iraquíes comienzan a pesar demasiado en Siria, sobre todo porque son los más desfavorecidos los que eligen este país, mientras que Jordania o Egipto acogen a otros más acomodados. Contando a los 750.000 que se han establecido en Jordania, más los 150.000 de Egipto y varias decenas de miles más en Irán y Turquía, se calcula que hay dos millones de iraquíes que han huido de su país, más otros tantos desplazados internos. El Comisario de la agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR),Antonio Guterres, se encuentra inmerso en una gira por la región para estudiar este problema y llamar la atención de la comunidad internacional. En Siria, son muchos los que culpan a los refugiados iraquíes por la vertiginosa subida del mercado inmobiliario, que ha llegado a ser de hasta el 300% en algunas zonas del centro de Damasco en solo un año. Para un funcionario público con un sueldo medio de 7.000 liras sirias (150 dólares), alquilar un apartamento medio es cada vez más difícil; comprarlo, simplemente un sueño imposible. Antes en voz baja y ahora cada vez más abiertamente, incluso en artículos de prensa, los sirios se quejan de que la cesta de la compra no para de subir "por culpa de los iraquíes". Sin embargo, los refugiados de Irak parecen ser más víctimas que culpables de este fenómeno: familias enteras de hasta 20 personas tienen que compartir el espacio de una sola habitación en los suburbios más alejados del centro de Damasco a precios desorbitados, según Saleh, un periodista iraquí que trabajaba en su país para un periódico occidental. "Algunos refugiados aún podemos vivir decentemente en Siria, nos queda algo de dinero ahorrado, pero la pregunta es: ¿cuánto tiempo podremos aguantar esta situación, y quién va a ayudarnos y a ocuparse de nosotros?", se pregunta. Más dramático es el caso de un padre de cuatro hijos, que reza para que sus chicos puedan terminar el año escolar si el Gobierno sirio renueva su permiso de residencia. "Yo me quedo en Siria bajo cualquier condición, porque volver significa una muerte segura. Incluso prefiero vivir en la tierra de nadie entre Siria e Irak que volver a mi país. Aquí en Siria hay al menos seguridad y estabilidad", señaló. En la cola del Departamento de Inmigración en Damasco, un hombre llamado Ahmed, en la treintena, no puede contener las lágrimas cuando explica que no sabe si conseguirá renovar el visado de quince días otorgado por las autoridades sirias para toda su familia. "¿Cómo podemos ser optimistas? -se lamenta- Sólo espero que me renueven el visado, y rezo a Dios para que las cosas se arreglen en mi país en el futuro". El miedo de Ahmed se explica por las recientes restricciones que el Gobierno sirio ha impuesto a los refugiados iraquíes: el ministro del Interior, Basam Abdulmayid, anunció ayer que deberán pedir un permiso de residencia de tres meses tras 15 días de estancia en el país. Este permiso será renovable una sola vez, por lo que a los seis meses todo iraquí sin un contrato de trabajo o de estudios no tendrá derecho a seguir en Siria. El miedo a la deportación es palpable entre los refugiados, aunque las autoridades sirias insisten en que ni un solo iraquí ha sido deportado hasta ahora. Otra de las medidas restrictivas ha sido la reciente cancelación -sin explicaciones por parte de Siria o de Irak- de los vuelos de Iraqi Airways desde Bagdad. Hasta ahora, los iraquíes (como todos los árabes) llegados a Siria podían quedarse casi indefinidamente; les bastaba salir del país y volver a entrar el mismo día para tener un nuevo sello de entrada. Pese a estas facilidades, la avalancha de refugiados iraquíes no se produjo durante la guerra de 2003 ni en los años posteriores, sino principalmente tras el verano pasado, cuando la violencia sectaria se adueñó del país. ACNUR calcula que en estos últimos meses una media de 2.000 personas cruzan la frontera cada día para establecerse en Siria. Es tal la magnitud del problema que la secretaria de Estado de EEUU, Condoleezza Rice, reveló ayer en el Senado de su país que ha autorizado al Encargado de Negocios estadounidense en Damasco a discutir este problema con las autoridades sirias, con las que prácticamente el diálogo es inexistente sobre cualquier otro asunto.




