Lágrimas y flores en el homenaje popular a Rocío Jurado
Lágrimas, flores, recuerdos de la que muchos han definido como "la más grande" de la canción española y una tristeza que se deslizaba en cadena desde los rostros de su familia a los de sus anónimos admiradores despidieron hoy en Madrid a Rocío Jurado, fallecida tras una larga lucha contra el cáncer.
Lágrimas, flores, recuerdos de la que muchos han definido como "la más grande" de la canción española y una tristeza que se deslizaba en cadena desde los rostros de su familia a los de sus anónimos admiradores despidieron hoy en Madrid a Rocío Jurado, fallecida tras una larga lucha contra el cáncer. El Centro Cultural de la Villa, en la plaza madrileña de Colón, es el lugar al que miles de personas, desde políticos y artistas hasta admiradores y periodistas, acuden a dar el último adiós a Rocío Jurado. En el vestíbulo de este centro, el mismo en el que hace once años quedó instalada la capilla ardiente de otra "grande" de la canción española, Lola Flores, fue dispuesto el velatorio, con el ataúd sellado y cubierto por las banderas de España y Andalucía -región natal de la fallecida- y rodeado de coronas de flores blancas. La tristeza y el cansancio eran visibles en los rostros de los familiares de Rocío Jurado, después de casi una semana de agonía en la que no se han separado de ella. Rocío Carrasco, hija mayor de la artista, llegó al velatorio en un automóvil conducido por su compañero sentimental, Fidel Albiac, evitando así entrar al centro cultural por el lugar en el que esperaba a la familia el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, y numerosos cámaras y periodistas dispuestos a captar su imagen. Quien sí bajó del vehículo, vestido de luto, con el semblante triste y una actitud de entereza que no le abandonó durante el velatorio, fue el viudo de la cantante, el torero José Ortega Cano, que junto a los hermanos de la fallecida y otros familiares cercanos fueron recibidos por el alcalde y por un aplauso de los ciudadanos congregados en el lugar desde primeras horas de la mañana. Dos filas en sentido inverso, una de autoridades y famosos y otra de ciudadanos, servían para ordenar el tránsito por la capilla ardiente, a la que no cesaron de llegar coronas y centros de flores. En el interior, en unas sillas situadas a ambos lados del féretro, José Ortega Cano correspondía con abrazos a las muestras de pésame, mientras Rocío Carrasco se consolaba apoyada casi todo el tiempo en Fidel Albiac, cerca de la corona de flores blancas con la inscripción "Hoy todo se nos fue de casa" y que firmaban "tu marido, hijos y nietos". Por la capilla ardiente desfilaron numerosos personajes famosos, además de políticos, como la presidenta de la comunidad autónoma de Madrid, Esperanza Aguirre -que anunció un "gran" homenaje para una artista que era "la mejor"-, y la ministra de Educación, Mercedes Cabrera. Al margen de famosos, miles de ciudadanos anónimos acudían a expresar su admiración por la cantante, algunos de ellos animados también por la posibilidad de ver rostros populares o de sentirse partícipes de los programas televisivos del corazón. Todos ellos debían apagar sus celulares al entrar en la capilla ardiente, que quedará cerrada a las 18.00 GMT cuando el féretro con los restos mortales de la cantante salga hacia su localidad natal, Chipiona, en la provincia andaluza de Cádiz, donde será enterrada este viernes.




