Científicos australianos descubren la proteína que evitaría la sepsis
Científicos australianos han descubierto que una proteína podría evitar la sepsis severa, también llamado síndrome de respuesta inflamatoria sistémica, causante de la muerte de más de 1.400 personas en el mundo cada día.
Científicos australianos han descubierto que una proteína podría evitar la sepsis severa, también llamado síndrome de respuesta inflamatoria sistémica, causante de la muerte de más de 1.400 personas en el mundo cada día. El estudio ha identificado la proteína que puede evitar que un simple corte en el dedo acabe produciendo sepsis severa o shock séptico, explicó en un comunicado de prensa la doctora Ashley Mansell, que dirigió la investigación. Los estudios fueron realizados por científicos del Instituto de Investigación Médica de la Universidad de Monash, en Melbourne, y el informe se ha publicado en la última edición de "Nature Immunology". Cuando se produce una infección bacteriana, una proteína llamada "SOCS1" se comunica con una segunda bacteria llamada "Mal" y le da la información para que ponga en funcionamiento el sistema inmune. Cuando la infección se ha superado, "SOCS1" comunica de nuevo a "Mal" que pare el sistema inmune. Si la proteína "SOCS1" no actúa correctamente y deja de informar a "Mal" de que hay que parar el sistema inmune, entonces éste continúa luchando y lo hace sin control, destruyendo todas las células ya sean buenas o malas, explicó Mansell en la nota. "Hemos descubierto cómo manipular a 'SOCS1' para parar el sistema inmune y destruir la bacteria 'Mal', ello desacelera el sistema inmune y reduce de forma radical el riesgo de que se produzca un shock séptico". Lo más relevante de la investigación es que ha logrado determinar que esta manipulación sólo afecta a las infecciones bacteriológicas y no a la respuesta del paciente ante otras víricas. Los científicos australianos no han determinado aún por qué se produce un mal funcionamiento en la proteína "SOCS1" o de "Mal" en algunas personas y en otras no, y creen que la respuesta podría ser genética, una investigación que queda aún pendiente, agregó Mansell.




