Fernando Botero exhibe su obra en Arco 2006
La expresión artística de Latinoamérica, representada por jóvenes que trabajan con impresoras de inyección de tinta o tubos de neón y maestros a la vieja usanza, está presente desde hoy en la 25 Feria Internacional de Arte Contemporáneo (ARCO) de Madrid.
La expresión artística de Latinoamérica, representada por jóvenes que trabajan con impresoras de inyección de tinta o tubos de neón y maestros a la vieja usanza, está presente desde hoy en la 25 Feria Internacional de Arte Contemporáneo (ARCO) de Madrid. En un amplio abanico de posibilidades, la cita madrileña con el arte de los cinco continentes alberga esculturas, pinturas o grabados de artistas consagrados, como el argentino Adolfo Estrada, el uruguayo Joaquín Torres-García, el colombiano Fernando Botero o el cubano Wilfredo Lam. Pertenecientes a otra generación son los "bordados" de la chilena Mónica Bengoa, las ranas y lagartijas de plástico de la brasileña Lia Mena Barreto o, por primera vez en ARCO, la obra colorista de la chilena Federica Matta, hija del pintor Roberto Matta. Sin embargo, según la opinión de varios expositores, la Feria de Arte madrileña llega a su edición número 25 con la incursión de artistas noveles que coinciden en el uso de las nuevas tecnologías, especialmente la fotografía, con sus herramientas digitales de captura e impresión de la imagen y el vídeo. La galería Fernando Pradilla, de Madrid, tienen en su lista de artistas a fotógrafos como el mexicano Pedro Meyer, el brasileño Mario Cravo-Neto, la argentina Mónica van Aspen, y el argentino Marcos López. La directora de esta galería, Marielo Góngora, cree que en el panorama artístico contemporáneo ya no es posible separar la pintura clásica de la imagen fotográfica, pues "las nuevas generaciones -afirma- están acostumbradas a que la imagen de la fotografía esté mezclada con la pintura. Son mundos paralelos unidos". Considera esta experta que "si en otros tiempos la creación pictórica procedía de sentimientos o recuerdos del autor, ahora es habitual entre los artistas nuevos que su trabajo haya encontrado la inspiración en una imagen". Góngora cita el caso del colombiano Carlos Salazar Arenas, "un pintor con un fondo fotográfico" que refleja en su trabajo, dice, escenas de grupos ilegales de su país en pinturas que riman con las imágenes cotidianas de los periódicos. Otro galerista, el brasileño Léo Bahia, considera que, "aunque parece que los artistas más contemporáneos hacen lo mismo en arte, sus diversas culturas les hacen ver las cosas de forma diferente". En los proyectos Cityscapes de ARCO, Bahía expone los trabajos de sus compatriotas Frederico Camara, con unas fotografías de cárceles alemanas, y de Cinthia Marcelle y Marilá Dardot, que retratan con la misma técnica diversos lugares de Brasil en unas composiciones que, "si no tuviesen su lenguaje artístico, parecerían destinadas a una guía turística". En diversas galerías de la Feria hay fotografías del guatemalteco Luis González-Palma, del argentino Horacio Coppola, de la mexicana Dulce Pinzón y de los colombianos Juan Fernando Herrán y Francois Buchel. Pero como no todo es el arte de la fotografía y afines, que algunos expertos consideran excesivo en ARCO, a la Feria también acuden galerías como la de la argentina Cecilia de Torres, que trabaja en Nueva York con artistas "rioplatenses, herederos de la abstracción geométrica y del constructivismo de Torres-García". Cecilia de Torres expone también vídeo-instalaciones de la venezolana Magdalena Fernández. Una artista cuya obra ha sido 'colgada' por primera vez en ARCO es la chilena Federica Matta. Su representante, la francesa Thessa Herold, dice que su trabajo nada tiene que ver con el de Roberto Matta, su padre, aunque sí se benefició de haber crecido en medio de un ambiente artístico y de cultura". Federica Matta, utiliza una gama interminable de colores vivos, pinta óleos y acrílicos sobre telas y cartones y crea esculturas en las que refleja, según Herold, "los innumerables viajes por diversos países, en los que además de inspirarse, ejerce una labor didáctica con el arte y la poesía entre los niños". Alejandro Sales, de Barcelona, exhibe los retablos geométricos "de inspiración religiosa" del argentino Estrada, hechos sobre madera con tonalidades y texturas de tierra, y la galería Polígrafa, también barcelonesa, exhibe litografías de la colombiana Ana Mercedes Hoyos. Un coleccionista, que prefiere el anonimato, corrobora lo dicho por los marchantes, que el nuevo arte, incluido el latinoamericano, tiene su "carta de naturaleza, pues ya no está en el pabellón de las novedades". "Eso sí -añade el comprador- todo carísimo", aunque los precios no alcancen los 3 millones de dólares que piden por un Picasso en la galería Jan Krugier, de Ginebra, o los 6,9 millones de una pintura de Francis Bacon, en la sucursal madrileña de la neoyorquina Malborough.




