El colombiano César Rincón salió a hombros en la Santamaría de Bogotá
El diestro colombiano César Rincón cortó hoy dos orejas y salió a hombros de la plaza de Santamaría de Bogotá, en la que con los tendidos llenos disputó un mano a mano con el español Julián López "El Juli", que cortó un apéndice.
El diestro colombiano César Rincón cortó hoy dos orejas y salió a hombros de la plaza de Santamaría de Bogotá, en la que con los tendidos llenos disputó un mano a mano con el español Julián López "El Juli", que cortó un apéndice. Ante la expectativa de un cartel conformado por dos maestros, la bella plaza bogotana, de cuya inauguración en esta temporada se celebran 75 años, se llenó por completo. El encierro para esta corrida fue de Ambaló, de herederos de Pepe Stella, cuyos toros, de presencia y desempeño desiguales, de pobre desempeño en los caballos, en gran parte opacaron el festejo. De hecho, dos toros que le correspondieron a César Rincón fueron pitados en el arrastre, así como uno de "El Juli". Malos fueron los dos primeros de Rincón, que tuvo que emplearse a fondo para lograr algunas ovaciones. Silencio en su primero y algunos palmas en el corrido en tercer lugar. El quinto, tercero de Rincón, salvó la divisa, pues tuvo calidad y a fuer de bien toreado fue brotando su casta escondida. Una vez más quedó demostrada la maestría indiscutible del torero bogotano. Brindó al público, que fue enloqueciéndo a medida que avanzaba la gesta torera de Rincón, que ejecutó toda la gama de lances y pases no obstante la pertinaz lluvia que empezó a caer. Finiquitó a su enemigo de una gran estocada recibiendo, lo que le valió para que los tendidos, vestidos de blanco, pidieran las dos orejas para Rincón, con las cuales dio la vuelta al ruedo. En su primero, un toro rebrincón, "El Juli" logró embarcarlo en el capote en lances y quites que entusiasmaron a la concurrencia. Obligando al toro al tomar el engaño logró, a base de tesón, una ligada faena muy por encima de las condiciones de su enemigo. Mató de una estocada traserilla que fue suficiente para conquistar un oreja. Su segundo sólo permitió al español que se reconociese su voluntad tanto con la capa como con la muleta. Lo mató pronto y escuchó nutridas palmas. El sexto, tercero de "El Juli", era de áspera embestida, y con él el joven madrileño se empleó a fondo, arrancando palmas por su decisión y responsabilidad profesional. Mató de una entera y el público aplaudió intensamente. Al final de la corrida fue paseado César Rincón por el redondel y así salió por la puerta grande.




