La esperanza llega al remoto valle de Arya, corazón de Cachemira. Se suspende la búsqueda de supervivientes
Cientos de damnificados por el terremoto que hace seis días sacudió el norte de Pakistán comenzaron hoy, viernes, a recibir atención medica en el valle de Arya, una de las zonas remotas a las que aún no había llegado la ayuda internacional.
Cientos de damnificados por el terremoto que hace seis días sacudió el norte de Pakistán comenzaron hoy, viernes, a recibir atención medica en el valle de Arya, una de las zonas remotas a las que aún no había llegado la ayuda internacional. A pie, tras varias horas de camino por las escarpadas laderas de la Cachemira pakistaní, cargados en camas por familiares, o en los vehículos más peregrinos, los heridos fluyeron durante todo el día hacia el campamento médico instalado por la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI) en una derruida base militar. Algunos, como el anciano Ahmed, de 70 años, recorrieron varios kilómetros bajo un sol de justicia con una pierna fracturada y solo apoyado en su joven hijo Yacub, que le servía de báculo. Como él, decenas de personas arribaron al campamento con fracturas óseas, heridas y fuertes traumatismos originados por el derrumbe de sus hogares, dispersos por una bella zona en disputa entre la India y Pakistán. "Bueno, lo que hemos tenido fundamentalmente han sido fracturas y contusiones. Ha habido también algún cuadro de diarrea, de disnea, de fiebre, posibles neumonías, pero sobre todo fracturas", explicó el doctor Alberto Lafuente, de la Asociación de Ayuda en Carretera (DYA) de Navarra. Huma, una niña de cinco años no se quedará coja de por vida gracias a las manos expertas de los médicos del SAMUR enviados por el Ayuntamiento de Madrid. Su padre la llevó en brazos hasta la puerta de campamento español desde la aldea de Tesil Dirkot Dhok, perdida en una zona de alta montaña, a más de 1.600 metros de altitud. "Anoche escuchamos que habían llegados médicos muy buenos con muy buen material y me puse en camino. Son muchos los que quieren venir, pero no hay medios suficientes. Nadie ha llegado a ayudarnos allí, ni siquiera el Ejército", explicaba a EFE su padre, Abdel Aziz, de 46 años. A Huma se le derrumbó la pared encima y le fracturó el fémur, pero tuvo más suerte que su hermana de 13 años, quien padeció en la tragedia. Mohamet, un anciano de 90 años, perderá la movilidad de los dedos pulgar y corazón, cuyos tendones quedaron seccionados por la caída de una viga. Su hijo, Ahmet, viajó desde Qatar el mismo día del seísmo y tardó varias jornadas más en encontrar a su familia. "Nuestra aldea está a más de seis horas de camino, y la carretera esta cortada. Hemos caminado hasta que hemos encontrado transporte. Hay muchos en iguales condiciones, en otras aldeas, que no pueden venir", indicó. La gravedad de sus heridas obligaron a los médicos de la DYA que lo atendieron a ordenar su evacuación, la primera que hará la cooperación española. "Venía con lo que se denomina una mano catastrófica, que en España es cuestión de quirófano. Le hemos hecho una sedación consciente porque aún no tenemos oxígeno, que es uno de nuestros problemas. Se le ha cosido y ahora está consciente a la espera de que pueda ser evacuado", explicó el doctor Lafuente. Ingresada en una zona del campamento, a la espera también de ser trasladada por aire al hospital más cercano, en la ciudad de Baaj, está Sihbe, una anciana de 70 años que llegó quejándose de intensos dolores en la espalda. Cuando los médicos la examinaron, descubrieron que tenía una fractura abierta de muñeca, casi granguenada. Según Juan Bartolomé, coordinador del AECI, los traslados en helicóptero podrían comenzar a evacuar a los heridos en helicóptero mañana sábado. Los equipos del AECI llegaron la madrugada del miércoles al valle de Arya, un área muy pobre e islamista de Pakistán en la que se calcula que podría haber más de 19.000 víctimas, entre muertos y heridos. Muchos de los damnificados están deshidratados y se niegan a tomar la medicación que les proporcionan los galenos debido que es el mes sagrado del ayuno islámico o Ramadán.Pakistán suspenderá oficialmente este sábado la búsqueda supervivientes El Gobierno paquistaní cree "muy escasa" la posibilidad de hallar supervivientes sepultados por el terremoto, aunque no suspenderá oficialmente las tareas de búsqueda hasta mañana, sábado, al cumplirse una semana del seísmo. Seis días después del devastador terremoto, un portavoz del Ejército paquistaní señaló en Muzaffarabad (norte de Pakistán) que la operación de rescate se ha dado ya por concluida, pero eso fue negado por el Ministerio de Asuntos Exteriores. Su portavoz, Tasmin Aslam, dijo a EFE que lo previsible es que la operación de rescate concluya mañana, cuando se cumpla una semana del seísmo, para centrarse en ayudar a las decenas de miles de damnificados. Durante las últimas horas no se han encontrado supervivientes entre los escombros y los equipos internacionales de ayuda creen que las posibilidades de localizar a gente viva son muy escasas. "Creemos que hay menos de un 1 por ciento de posibilidad de supervivencia en el séptimo día de la operación", apuntó hoy un portavoz de las Naciones Unidas, Winston Chang. "Nadie ha tirado la toalla, pero hay que aceptar que las posibilidades reales de encontrar a alguien vivo son prácticamente nulas", apuntó Rob Holden, responsable del equipo de la ONU de coordinación y evaluación del desastre. Las tareas de rescate se desarrollan en condiciones penosas en la Cachemira paquistaní, donde la nieve ha empezado a caer en algunas zonas remotas, lo que complica todavía más los trabajos. Las organizaciones no gubernamentales tienen serios problemas para acceder a las zonas más montañosas, donde algunos se han quedado atrapados durante horas en la carretera, ante sus malas condiciones y los atascos. "El problema es que nos quedamos sin tiempo", indicó un portavoz del grupo británico ActionAid International, Shafqat Munir. En algunas zonas de la Cachemira paquistaní las operaciones de búsqueda entre los escombros la desarrollan los familiares de los desaparecidos, a veces sólo con sus manos. En Muzaffarabad y Bagh, ambas en la Cachemira paquistaní, los equipos internacionales buscan a posibles supervivientes pese a que "hay muy pocas posibilidades de encontrar a alguien con vida, pero de momento hay alguna esperanza y por eso seguimos con el trabajo", apuntó Andrei Fiodorov, de un grupo ruso de rescate. El terremoto del pasado sábado causó la muerte de al menos 25.000 personas en Pakistán, aunque el propio Gobierno cree que las víctimas podrían llegar a superar las 40.000.




