El Gobierno británico levanta la prohibición sobre consumo bovino adulto después de 30 meses
El Gobierno británico decidió hoy levantar la prohibición sobre el consumo de carne de bovino de más de treinta meses, establecida hace nueve años tras el brote de la llamada enfermedad de las "vacas locas".
El Gobierno británico decidió hoy levantar la prohibición sobre el consumo de carne de bovino de más de treinta meses, establecida hace nueve años tras el brote de la llamada enfermedad de las "vacas locas". Según el ministerio de Medio Ambiente, Alimentación y Asuntos Rurales (Defra), la medida supone que el ganado nacido después del 31 de julio de 1996 podrá ser sacrificado y vendido para el consumo humano si da negativo en unas pruebas sobre el mal. Sin embargo, la carne procedente de vacas nacidas antes de esa fecha no podrá entrar en la cadena de alimentación, según el Defra. La medida será sustituída el próximo 7 de noviembre por unas pruebas para establecer si el ganado está infectado con la encefalopatía espongiforme bovina (EEB), más conocida como el mal de las "vacas locas", informó en una nota el ministerio. Los mataderos deberán cumplir con unos niveles de inspección que deberán ser aprobados por la Agencia de Nivel de Alimentos (FSA, siglas en inglés) antes de sacrificar el ganado adulto. Estos cambios sitúan al Reino Unido al nivel de otros países europeos, donde las pruebas para el bovino de más de treinta meses están en vigor desde el año 2001. Otros controles permanecerán en vigor, como la prohibición de entrada en la cadena alimentaria de intestinos, médula o sesos bovinos, y tampoco se podrán utilizar preparados con hueso de vacuno en la alimentación de animales. La ministra del Defra, Margaret Beckett, dijo hoy que la protección de la salud pública es prioritaria y añadió que su departamento trabajará con el Servicio de Higiene de Carne para asegurar que el sistema de prueba sobre EEB se aplica con rigor. Se confirmaron más de 183.000 casos de EEB en el Reino Unido desde que el mal fue detectado en 1986. En 1996, el Gobierno admitió que podía haber un vínculo entre EEB y su versión humana, el Creutzfeldt-Jakob (CJD).




