Muere Josefine Hawelka, pilar de la cultura del café en Viena (incluido el colombiano)
La cultura del café en Viena, un ritual seguido con devoción en la ciudad y que ha forjado parte de su carácter, ha perdido a Josefine Hawelka, uno de sus pilares, que murió a la edad de 92 años por un fallo cardiaco.
La cultura del café en Viena, un ritual seguido con devoción en la ciudad y que ha forjado parte de su carácter, ha perdido a Josefine Hawelka, uno de sus pilares, que murió a la edad de 92 años por un fallo cardiaco.La fallecida fue propietaria durante sesenta años, junto a su marido Leopold, del café Hawelka, punto de reunión de intelectuales y artistas durante décadas, inconfundible por su aire bohemio y glosado por innumerables escritores en sus obras.Sin ir más lejos, el último premio Príncipe de Asturias de las Letras, Claudio Magris, cita este mítico local en su enciclopédica obra "El Danubio".La hija de Josefine Hawelka, Herta, dijo que "el sábado estuvo en el negocio", algo habitual en ella, que a pesar de su avanzada edad, solía recibir y saludar cordialmente a cada una de las personas que acudían al café para deleitarse con distintos tipos de café, de distintos países, incluido el de Colombia.El ayuntamiento de la capital austríaca, que ha ofrecido una tumba de honor a la familia, ha expresado sus condolencias y lamentó la pérdida de "una parte de la cultura vienesa".El alcalde, Michael Haupl, aseguró que con su muerte "Viena ha perdido una leyenda" y elogió su establecimiento como el segundo hogar de generaciones de artistas.La nómina de intelectuales que han pasado por los gastados asientos rojos del café es inagotable, pero se podría citar a Henry Miller, Arthur Miller, los premios Nobel de Literatura Elias Canetti y Gûnter Grass, el actor Oscar Werner, el artista plástico Andy Warhol y los directores de orquesta Herbert von Karajan y Nikolaus Harnoncourt."La Reina del café", como se denominó a la fallecida, trabó amistad con muchos de los artistas asiduos del Hawelka y sobre ella existen libros y documentales.El café, vetusto y decadente, conserva el estilo de principios de siglo y los Hawelka lo convirtieron a partir de su apertura en otoño de 1945 en un centro de la vida intelectual del país, entonces dividido en cuatro zonas por los aliados. El Hawelka alcanzó gran aprecio por sus conciertos en directo de fin de semana y sus lecturas literarias, una innovación que se debe a este local y que cundió en el resto.




