Luxemburgo estalla: castiga públicamente a Ronaldo y critica a Owen
Una semana repleta de acontecimientos extradeportivos han provocado el primer enfado de Vanderlei Luxemburgo, que sacó a relucir el famoso carácter con el que aterrizó procedente de Brasil, escondido hasta la fecha por una racha de siete victorias consecutivas en Liga pero que ha renacido con el enlace de Ronaldo, su extraña lesión y las quejas del inglés Michael Owen por su condición de suplente
Una semana repleta de acontecimientos extradeportivos han provocado el primer enfado de Vanderlei Luxemburgo, que sacó a relucir el famoso carácter con el que aterrizó procedente de Brasil, escondido hasta la fecha por una racha de siete victorias consecutivas en Liga pero que ha renacido con el enlace de Ronaldo, su extraña lesión y las quejas del inglés Michael Owen por su condición de suplente. Luxemburgo levantó la voz en sala de prensa. Serio. Disgustado con una semana de trabajo alejada de sus métodos, el técnico brasileño castigó sin tapujos públicamente a su plantilla e hizo hincapié en dos de sus jugadores: Ronaldo y Owen. Al primero por un enlace matrimonial en una semana en la que debían preparar dos partidos del calibre de Athletic Club, en Liga, y la gran cita del año, Juventus en Liga de Campeones. Al segundo, le entrega la titularidad con una seria advertencia. No debe volver a quejarse en los medios de su país y hablar única y exclusivamente sobre el campo. Antes de una rueda de prensa repleta de titulares, Luxemburgo trasladó sus quejas al italiano Arrigo Sacchi, director de fútbol de la entidad. Durante cerca de media hora, el técnico madridista dejó claro que sus jugadores se habían salido del camino marcado, en la primera semana en la que desaparecieron las dobles sesiones y en la que, por primera vez, le disgustó la actitud de su plantilla. El lunes se produjo el enlace de Ronaldo con viaje incluido a París. Tras una noche de celebración, el martes por la tarde llegó un suave regreso al trabajo con la ausencia del recién casado por un vuelo con retraso. Ronaldo tampoco se entrenó el miércoles, por una repentina lesión (artritis en el dedo gordo del pie izquierdo), a lo que se unió una cena de equipo esa misma noche y las declaraciones aparecidas en Inglaterra de Michael Owen, replanteándose su futuro si no cambia su actual situación. Todo, unido, en la coctelera de Luxemburgo, ha terminado por colmar su paciencia y dar su peor trago desde que se hizo cargo del Real Madrid. "No me gustó esta semana. Tenemos un partido importante contra el Athletic y el martes, contra el Juventus, y se habló de todo menos de fútbol. En los medios nadie habló de las cualidades del rival, sólo se hizo de la boda, de los retrasos de Ronaldo, del Tsunami, de jugadores que dicen que no se quieren quedar aquí. Todos tienen que pensar en Liga y Liga de Campeones y al final de temporada si alguien se quiere ir que se vaya, pero ahora deben de pensar sólo en ganar partidos", dijo con dureza. Luxemburgo no ocultó su pensamiento. Si de él hubiese dependido, la fecha del enlace de Ronaldo no se habría producido en una semana que considera decisiva para el futuro del equipo. "Yo habría pedido que se hiciese en un momento que se pudiese hacer, pero ahora tenemos que olvidar todo eso y parar de hablar de boda, Tsunami, retrasos y demás". Su contundencia apareció en los mensajes directos a Ronaldo y Owen. "Ronaldo no ha cumplido como debía. Voy a tomar la decisión que tengo que tomar. No tuvo una semana buena. No se entrenó mucho, lo hizo muy poco". "Si Owen juega mañana no es porque haya dicho que a final de temporada se quiere ir porque no quiere seguir en el banquillo. Si juega es porque pienso que ha conquistado el puesto con trabajo, pero hablando con la prensa no se gana el puesto. Independientemente de sus entrevistas si tiene que jugar lo hará", señaló. La decepción del técnico brasileño se hacía patente en sus respuestas. "Esta semana no he tenido a mis jugadores para hacer el trabajo que yo quería. Mi parte es trabajar aquí y hacer las cosas que tengo que hacer, pero no puedo hacer nada si los jugadores no quieren entrenamientos, hay una boda, el (partido del) Tsunami y demás cosas de las que no se han parado de hablar y nada tienen que ver con el fútbol". Ahora, cada uno debe asumir sus culpas. Luxemburgo cree que ha cumplido con su papel e invita al resto a reflexionar antes de expresarse con la sinceridad que lo hizo él. "No estoy enfadado, digo lo que pienso de forma directa. Es todo lo que ha pasado en una semana que no me ha gustado profesionalmente. Doy una alerta a mis jugadores". "El club, el entrenador y los jugadores deben saber qué cosas pueden hacer y hablar y cuáles no. Cuando uno hace un acto que no es normal, la responsabilidad es suya. Este es mi pensamiento. Lo transmito de forma directa". Luxemburgo habló claro. Ahora, sus jugadores deben responder en el campo.




