Heroica oreja al peruano Cubas en la primera corrida de la Feria de Cali
El peruano Juan Carlos Cubas salvó la primera corrida de la Feria de Cali al cortar la única oreja en una tarde en la que el común denominador fue la mansedumbre de los toros
Cali.--- El peruano Juan Carlos Cubas salvó la primera corrida de la Feria de Cali al cortar la única oreja en una tarde en la que el común denominador fue la mansedumbre de los toros. El encierro de Fuentelapeña dio al traste con la corrida inaugural de la Feria de Cali porque fueron bajos de raza, de casta, aceptablemente presentados y de irregular cumplimiento con los montados. Además de Cubas, actuaron el colombiano Diego González y el español Antón Cortés, quienes pese a sus denodados esfuerzos, se fueron con las manos vacías. Cubas, en su primero, tercero de la tarde, se enfrentó a un rebrincón que punteaba por ambos pitones. Pese a la enjundia, nada pudo hacer ante la mansedumbre del toro que, al final, se rajó. Pinchó tres veces antes dejar media estocada, sonó un aviso, el toro fue pitado en el arrastre y el peruano fue acompañado por el silencio. En el último de la tarde, echó toda la carne en el asador el inca y a pesar de que nada pudo hacer con el capote, se dobló en buena forma con el cornúpeta y atropellando la razón en seguidos pases con la mano izquierda, logró embarcarlo en la franela, derrochando valor a raudales a cambio de una espectacular voltereta, sin mayores consecuencias. Mató de una estocada entera y la petición de oreja fue unánime por lo que el palco principal concedió un trofeo. Diego González derrochó voluntad con algunos momentos exitosos pero, al fallar con la espada en el primero, su labor fue silenciada. En el cuarto, manso sin lidia posible, sólo se le abonó su valor. Pinchó una vez antes de dejar media estocada. Su labor también fue silenciada. El toro fue pitado en el arrastre. El debutante español Antón Cortés se enfrentó a un manso que obligó a emplearse a fondo con más voluntad que éxito. Lo despachó de un pinchazo hondo. Silencio a su trabajo y pitos al toro en el arrastre. Algo de suerte encontró en el quinto de la tarde, su segundo, al que a fuerza de denodado empeño, logró ejecutarle importantes series de derecha, rematadas con circular y el pase de pecho. Se enrabietó Antón, usó la izquierda con más voluntad que fortuna y remató al bicho con un pinchazo hondo y descabello al primer intento. Fue galardonado con la vuelta al redondel. La plaza registró dos tercios de entrada en tarde clara.




