Enferma de calor, Francia vigila nivel de ríos y capas freáticas
La importante sequía que sufre Francia desde hace seis meses, unida a la ola de calor de las últimas semanas, ha obligado a restringir el consumo de agua en 56 departamentos, atizado incendios, colocado el nivel de los ríos en niveles inquietantes y disparado los casos de deshidratación.
París.--- La importante sequía que sufre Francia desde hace seis meses, unida a la ola de calor de las últimas semanas, ha obligado a restringir el consumo de agua en 56 departamentos, atizado incendios, colocado el nivel de los ríos en niveles inquietantes y disparado los casos de deshidratación.Pese a que la situación es menos delicada que durante la gran sequía de 1976, las señales de alerta se han disparado y las autoridades permanecen muy vigilantes a los niveles de las capas freáticas y a las fuentes de agua potable.Las reservas de agua son, por ahora, aceptables, pero la eventual prolongación de esta situación extrema y completamente inusual en Francia ha llevado a los prefectos (delegados del Gobierno) de 56 departamentos -trece más que al principio de esta semana- a reforzar las restricciones en el consumo de preciado líquido.Más inquietante es la situación de los suelos, extremadamente secos, lo que afecta a los cultivos, y del nivel de los ríos y lagos, que ha bajado considerablemente, lo que lleva aparejado el aumento de la temperatura del agua y la consiguiente falta de oxigeno, vital para la flora y la fauna acuática.La persistencia de la canícula ha dejado a la empresa Eléctricité de France (EDF) en una situación cada vez más delicada.El recalentamiento y la bajada del nivel de las aguas fluviales, imprescindibles para enfriar las centrales nucleares, han llevado a la empresa a pedir a la Autoridad de Seguridad Nuclear (ASN) la puesta en marcha "regímenes derogatorios" para algunas unidades.Las centrales nucleares de Bugey (Ain, este), Golfech (Tarn-et-Garonne, sur) y Tricastin (Drome, sureste) han conseguido la autorización, desde hace varias semanas, para arrojar a los ríos las aguas utilizadas para enfriar los reactores con temperaturas más elevadas de lo permitido por las normas en vigor.EDF ha depositado ante la ASN nuevas demandas de derogación de esa normativa para otras centrales nucleares, que están siendo estudiadas por las autoridades.Las extremas temperaturas, que han batido récord excepcionales de 39 y 40 grados centígrados en muchas zonas de Francia, obligaron incluso a poner en marcha un sistema de aspersores móviles en la pared exterior de la central nuclear de Fessenheim (Alto Rin, noreste), que no tuvo ningún efecto significativo.Finalmente se logró estabilizar, a 48 grados, la temperatura de esas instalaciones mediante una reparación en el circuito de ventilación y de refrigeración de la central.Los efectos desagradables de la ola de calor instalada en Europa occidental, alimentada por el aire procedente del Sahara, persistirán, al menos, otros ocho días, según el instituto galo de meteorología Météo France, que prevé el desarrollo de masas nubosas en el sur del país, localmente tormentosas, y que pueden ir acompañadas de granizo y fuertes ráfagas de viento.Esas tormentas, que ya comenzaron a descargar la lluvia y su aparato eléctrico esta semana, han sido, en algunos casos, las causantes de incendios.Es el caso del incendio de Luceram (sureste), que ha devastado desde el lunes pasado más de 1.600 hectáreas de maleza y bosques, y donde está previsto que hoy entren en acción nueve aviones, entre ellos dos helicópteros rusos, venidos a reforzar las labores de extinción en las que participan unos 700 bomberos.Otro incendio desatado anoche en una colina de Niza (sureste), que obligó desalojar a los habitantes de la zona, fue controlado hoy tras calcinar unas cuatro hectáreas de terreno.Cuatro sospechosos de haber provocado este fuego, que partió de los aledaños del observatorio astronómico de la ciudad, han sido detenidos, con lo que se eleva a casi una veintena el número de presuntos autores o coautores de incendios detenidos en Francia este verano.Otro de los afectos peligrosos de la ola de calor son las deshidrataciones y desfallecimientos, que han multiplicado, entre otras, las intervenciones de los bomberos de París, quienes se encargan también de los servicios de primeros auxilios.El periódico popular "Le Parisien" afirmaba en su edición de hoy que, según sus informaciones, 14 personas han muerto en Francia debido al calor, aunque este extremo no ha sido confirmado por las autoridades sanitarias.Ahora bien, los que sí están haciendo su agosto -y nunca mejor dicho- son los productores de agua mineral embotellada y los fabricantes de ventiladores, un instrumento que, por ejemplo en París, es imposible encontrar, pues se han agotado las existencias.Los grandes almacenes, los cines y los museos están también de enhorabuena, pues están siempre llenos por obra y gracia de sus instalaciones de aire acondicionado.En las oficinas se trabaja con todo cerrado a cal y canto y con la única luz de las pantallas de los ordenadores, mientras que el calor está haciendo que desaparezca el pudor de los ciudadanos que duermen con las ventanas abiertas de par en par y bastante ligeros de ropa.




