Veinte años sin Garrincha, el "genio de las piernas torcidas"
Garrincha siempre tuvo un gol a la mano cuando el balón estaba en sus pies.
RIO DE JANEIRO.---- Garrincha siempre tuvo un gol a la mano cuando el balón estaba en sus pies.Testigos de la magia del brasileño Manoel dos Santos "Garrincha", cuando hoy se cumplen veinte años de su muerte, coinciden en que si su vida se hubiera limitado a las cuatro líneas de una cancha, los cronistas de fútbol estarían hablando sin cesar de un inmortal o de un ser que no es de este mundo.Su endiablado regate dio mucho trabajo a los ortopedistas y serios dolores a los defensas que osaron sin éxito robarle la bola, que parecía atada a su bota derecha.Pero fuera de los estadios los papeles cambiaban y era "Mané" la víctima de la progresiva artrosis que aceleró el fin de su carrera y bohemia que minó su salud hasta llevarle a la muerte.Como los "garrinchas", aquellos pájaros vulgares que vuelan a gran velocidad pero son cazados con facilidad por su ingenuidad, Manoel dos Santos fue abatido en 1983 por el alcoholismo, el implacable rival que jamás pudo desbordar.Tenía 49 años. Estaba pobre y murió olvidado.El cuerpo del hijo ilustre de Pau Grande -un humilde barrio localizado en Piabetá, sexto distrito del municipio de Magé, en las goteras de Río de Janeiro- yace allí, bajo un túmulo desgastado por el tiempo y sin las flores o velas que reciben los muertos famosos.Una suerte indigna para un hombre que ayudó a ganar a Brasil dos de sus cinco títulos mundiales, que en las filas del Botafogo se consagró como "la alegría del pueblo" y que con sus fintas inspiró a los "torcedores" a corear en las tribunas el taurino grito "`Olé!".El mejor delantero diestro en la historia de Brasil se coronó campeón del mundo con Brasil en Suecia´58 y Chile´62.Comenzó el Mundial de Suecia en la reserva pero desde el primer minuto que jugó fue el líder de la primera conquista brasileña.En 1962 literalmente se echó el equipo al hombro después de la lesión de Pelé y terminó el torneo como el mejor del mundo.Con la selección brasileña jugó 60 partidos y marcó 17 goles.En el Botafogo, donde vivió su apogeo futbolístico (1956-1964), disputó 581 partidos, marcó 249 goles y fue campeón de Río de Janeiro en 1957, 1961 y 1962.También tuvo fugaces pasos por el Corinthians, el Flamengo y el modesto Olaría, además del equipo colombiano Júnior de Barranquilla.Fue el primer futbolista que sacó la pelota de la cancha para permitir la asistencia a un jugador rival.Su vida personal estuvo regada, además de cachaza, de múltiples escándalos públicos por sus cinco matrimonios y aventuras amorosas con cantantes y actrices, que le depararon catorce hijos: once mujeres y tres hombres.Dos de ellos (Garrinchinha y Neném) murieron en un accidente automovilístico. Otro, llamado Ulf Lindberg, nació de una aventura con una admiradora sueca durante el Mundial de 1958.También protagonizó anécdotas cómicas relacionadas con su gran ingenuidad. Una de ellas, relatada por un familiar, recuerda que durante el Mundial de Chile compró una radio y luego reclamó al vendedor porque "estaba dañada", pues sólo daba noticias en español y ninguna en portugués.La difícil situación financiera que afronta el municipio donde nació, la crisis deportiva que arrastró al Botafogo en diciembre pasado a la segunda división y el silencio en las salas directivas de la Confederación Brasileña de Fútbol se confabularon para hacer de hoy un nuevo 20 de enero sin homenajes al astro brasileño.El último ocurrió en 1994, cuando el Esporte Clube Pau Grande, primer equipo en el que "Mané" jugó, promovió una fiesta que contó apenas con la visita de Roberto Dinamite.Hace diez años se anunció con bombos y platillos la construcción del Museo Mané Garrincha. La primera piedra se impuso en la plaza principal, cerca a un busto que recuerda su alegre figura. Pero la falta de interés público y de patrocinio privado han congelado el proyecto para inmortalizar al "genio de las piernas torcidas".




