Pacientes sudan, tartamudean, muerden y se desmayan en dentista
Una visita al dentista resulta un auténtico drama para algunas personas a causa del miedo que inspiran estos especialistas, y hay pacientes que sudan, tartamudean, se desmayan y llegan a morder, según el relato de algunos profesionales que viven a diario todo tipo de situaciones curiosas.
Málaga (España).--- Una visita al dentista resulta un auténtico drama para algunas personas a causa del miedo que inspiran estos especialistas, y hay pacientes que sudan, tartamudean, se desmayan y llegan a morder, según el relato de algunos profesionales que viven a diario todo tipo de situaciones curiosas.El doctor Joaquín Jimena, presidente del Colegio de Odontólogos de Málaga, tiene un buen anecdotario y, según relató a EFE, uno de sus pacientes se desmayaba "de forma sistemática" cada vez que veía la aguja de la anestesia "y siempre permanecía inconsciente durante diez o quince minutos".También hay personas que se despistan por la angustia y confunden las partes del cuerpo y los nombres de las intervenciones, como un hombre al que se le practicó una ´apicectomía´ -tratamiento sobre la raíz del diente- y que aseguraba que estaba mucho mejor y "no tenía nada hinchado desde que se hizo la vasectomía".Según la doctora Ana Moreno, que ejerce la profesión en Málaga, los hombres son "los que más sufren" en la consulta, "porque supongo que se ven acorralados", y cuando un señor "enorme" se queda inconsciente a causa del pánico "no sabes qué hacer con él".Frases como "pero, ¿me vas a encadenar?" se han escuchado en su consulta.El malentendido, con tintes sadomasoquistas, surgió cuando la odontóloga indicó a su enfermera que le pusiera al paciente la cadena que sujeta el babero.Otros equívocos son más tiernos. Según contó a EFE la doctora, en una ocasión un paciente la abrazó de forma afectuosa cuando se inclinó sobre él para colocarle el babero, al tiempo que le manifestaba su agradecimiento por ofrecerle consuelo en los momentos previos al "martirio".Pero hay quien no llega a sentarse, sólo con escuchar el torno se les ponen los pelos de punta.La famosa frase de "se fue a por tabaco y no volvió más" hace pensar en un abandono conyugal, pero también es la excusa que utilizó una paciente con un ataque de pánico que, según confesó a EFE, no encontró otra forma más digna de abandonar la sala de espera.La vicepresidenta del Colegio de Psicólogos de Málaga, Rosa González, explicó que existen dos tipos de "miedo al dentista".Uno surge a partir de una experiencia negativa que se sobredimensiona, y es que a pocos les quedan ganas de repetir tras una experiencia "dolorosa" por la que, además, les han cobrado unos cuanto euros.El otro, es un miedo irracional y sin antecedentes "que está vinculado a ciertas estructuras de personalidad" y es comparable al temor a quedarse encerrado en el ascensor, aunque a quien lo padece nunca le haya ocurrido nada semejante.Hay quienes se ven "desbordados" por visitar al odontólogo y el miedo hace que se desencadene un comportamiento de "evitación" que a veces se traduce en "bloqueo mental", explicó a EFE González.Por eso se dan comportamientos "absurdos y que no tienen nada que ver con la personalidad del paciente", quien -además de pasar un mal rato durante la consulta- se va con la sensación de haber hecho el ridículo.El refranero popular español es aplicable a infinidad de situaciones cotidianas, pero acordarse de Santa Bárbara cuando llueve cobra un significado especial con el dentista.Con miedo o sin él, nadie se acuerda de su existencia y para algunos resulta vital evitar su consulta a menos que el dolor sea insoportable.




