Chirac camino de mayoría absoluta frente a izquierda debilitada
Cinco semanas después de su reelección para el Elíseo, el neogaullista Jacques Chirac está camino de conseguir su ansiada mayoría de derechas en la cámara de los diputados, mientras la izquierda sólo puede llamar a los abstencionistas a acudir a las urnas el próximo domingo para limitar los estragos.
PARIS.--- Cinco semanas después de su reelección para el Elíseo, el neogaullista Jacques Chirac está camino de conseguir su ansiada mayoría de derechas en la cámara de los diputados, mientras la izquierda sólo puede llamar a los abstencionistas a acudir a las urnas el próximo domingo para limitar los estragos.La máxima prioridad de la derecha, en particular el nuevo partido chiraquiano Unión por la Mayoría Presidencial (UMP), es evitar la desmovilización del electorado y confirmar en la segunda ronda del próximo domingo su mayoría absoluta anunciada.Una mayoría más que absoluta: con el 43,5 por ciento de los votos cosechados ayer -incluidos el 33,3% de la UMP-, la derecha ocuparía entre 380 y 420 escaños de los 577 de la Asamblea Nacional.La izquierda, derrotada por el descalabro de los principales socios de los socialistas, en primer lugar los comunistas, obtuvo en torno al 37% de los votos, que se traducirían en 135-175 escaños.Junto con los comunistas, que con un escuálido 4,95% de los votos se verán privados de un grupo parlamentario propio por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, y el Polo Republicano del ex ministro Jean-Pierre Chevenement (1,18%), el gran perdedor es el ultraderechista Frente Nacional de Jean-Marie Le Pen, que con un 11,2% no podrá ser el "arbitro" de la segunda ronda.Los analistas interpretan el voto del domingo como un claro rechazo de los votantes a la cohabitación -presentada por la derecha como sinónimo de ineficacia y división en la casi inexistente campaña-, y ven en el retroceso de los extremismos de derecha e izquierda el fruto de los llamamientos al "voto útil".Lejos de ser la temida repetición del seísmo de la primera vuelta de las presidenciales del pasado 21 de abril -en la que Le Pen eliminó de la liza al socialista y primer ministro saliente, Lionel Jospin-, la ronda inicial de las legislativas ha servido para clarificar el mapa político del país.Se dibuja un claro bipartidismo entre la Unión por la Mayoría Presidencial (UMP), impuesta por los chiraquianos entre las dos vueltas de las presidenciales, y el Partido Socialista (PS).El PS ha conseguido mantenerse a los niveles de la primera vuelta de las legislativas de 1997, de las que saldría victorioso al frente de una "izquierda plural" que gobernó durante cinco años.Antes de afrontar la nueva página que se abre en su historia -tener que transformarse y abrirse a otras corrientes para poder aspirar a una futura alternancia-, el PS busca ahora limitar la magnitud de la hegemonía de la derecha en los próximos cinco años.La única reserva de votos son los abstencionistas de izquierdas de la primera vuelta, a los que el líder del PS, Francois Hollande, llamó hoy de forma apremiante."Queremos hacer del escrutinio del domingo la oportunidad de una removilización de nuestros electores, porque está en juego el equilibrio de nuestra democracia", dijo Hollande, y advirtió del peligro "real" que corren los "acervos sociales" y la "concepción misma de la acción política".Según un sondeo de Ipsos, el 34% de los electores que votaron por el PS en 1997 no acudieron ayer a las urnas y contribuyeron a la abstención récord del 35,15%.Un desinterés que traduce un malestar cívico y social, que saltó a primera plana en la primera ronda de las presidenciales.Aquel día, casi dos tercios de los votantes boicotearon las urnas o dieron su voto a los extremismos de derecha e izquierda, y propiciaron el paso del ultraderechista Le Pen al duelo final por el Elíseo, en el que caería aplastado dos semanas después por Chirac.Consciente de que afronta un duro reto para responder a las expectativas del electorado, el primer ministro, el centroderechista Jean-Pierre Raffarin, al que Chirac confió las riendas del Gobierno el pasado 6 de mayo, interpretó anoche sin triunfalismos el "mensaje favorable" de las urnas como un llamamiento a "la acción".Una acción ya iniciada y que continuará, dijo Raffarin, quien prometió, si se confirma la "ola azul" el próximo domingo, cumplir "todos" los compromisos electorales de Chirac, desde la lucha contra la inseguridad hasta el recorte de los impuestos, pasando por el "relanzamiento" del diálogo social.Para Chirac, la anunciada mayoría absoluta de la derecha en la Asamblea Nacional es una revancha, tras el error de la disolución de 1997, que dio la victoria a la izquierda "plural" y le condenó a cinco años de Presidencia pasiva y de cohabitación.También es un bálsamo para un jefe de Estado, de 69 años y con cuatro décadas en la vida política que, en la primera vuelta de las presidenciales, obtuvo el peor resultado (19,88%) de un presidente saliente en la V República.




