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El chocolate, una sana fuente de energía sin riesgos de adicción

Ya en el siglo XVI los conquistadores del nuevo mundo descubrieron el gran potencial del cacao como fuente de energía, una cualidad que ha hecho del chocolate un sano placer que, en contra del mito y aunque muchos "se irritan si frenan su consumo e irían muy lejos para conseguirlo", no crea adicción.

MADRID.--- Ya en el siglo XVI los conquistadores del nuevo mundo descubrieron el gran potencial del cacao como fuente de energía, una cualidad que ha hecho del chocolate un sano placer que, en contra del mito y aunque muchos "se irritan si frenan su consumo e irían muy lejos para conseguirlo", no crea adicción.
No es droga, ni afrodisíaco, ni es cierto que los enamorados necesiten fervientemente consumirlo. El chocolate no tiene más que un peligro, y es que, consumido en exceso, puede provocar un aumento de peso.
Entonces, ¿qué ha alimentado el mito del chocolate como una droga? La respuesta sería que "el ser humano atribuye valores hedónicos más altos a sustancias que son a la vez dulces y grasas", lo que convierte al chocolate la sustancia ideal para proporcionar placer, señalaban en 1983 los resultados de un estudio.
De hecho, en un reciente sondeo el 63,4 por ciento de los sujetos encuestados reconocía que el chocolate "le fascina o le gusta mucho", y sólo un 1,7 por ciento aseguró que no le gustaba en absoluto.
Esta tendencia se repite en todos los países del mundo, y aunque parezca mentira, España está bastante lejos de las tendencias de consumo de nuestros vecinos europeos: mientras cada español toma una media de 3,5 kilos de chocolate al año, en Francia se ingieren 7 kilos, y en Inglaterra, Austria o Suiza se llega a los 8,5 kilos por persona y año.
La explicación a semejante número de "fieles" puede deberse, según las investigaciones, a algunos de sus componentes, como la teobromina, que guarda mucha relación con la cafeína o la feniletilamina (sustancia que emula la química cerebral de una persona enamorada).
Más recientemente, según un artículo de Antonio Bulbena y Jaume Dasquens, del Instituto de Atención Psiquiátrica, Salud Mental y Toxicomanías del Hospital del Mar de Barcelona (noreste), se ha descrito "la presencia de otras sustancias como los cannabinoides o incluso las carbolinas", que explicarían la sensación placentera o relajante de su consumo.
Sin embargo, estos componentes no hacen del chocolate una droga, ya que una adicción patológica implica "deterioro o malestar físico y un síndrome de abstinencia", que con el cacao no se da.
Además, para "engancharse" un individuo tendría que ingerir 15 kilos al día para alterar el equilibrio cerebral y causar adicción.
Lo que sí es cierto es que un alto porcentaje de encuestados se declaran "adictos".
La historia es testigo de célebres consumidores compulsivos, como Voltaire, que a temporadas se alimentaba sólo de chocolate, Napoleón, que lo tomaba para mantenerse despierto, o el primer hombre que llegó al Polo Sur, el noruego Roald Admunsen, que se alimentó prácticamente de chocolate durante su expedición.
Estos casos demuestran la necesidad de consumir un alimento energético como el cacao para compensar grandes esfuerzos físicos e intelectuales, quizá por eso el 17,7 por ciento de los estudiantes universitarios se declaran "adictos" a este alimento.
Las mujeres, por su parte, no son sólo las mayores consumidoras, sino también las que más efectos tranquilizantes y placenteros descubren en él.
En un estudio entre mujeres estadounidenses realizado en 1999, éstas lo clasificaban como "el primero de sus antojos, que además se intensifica en los días de menstruación".
Quienes tienen una alta disposición a estados de ansiedad o depresión se encuentran entre los "fans" de este alimento -de nuevo, las mujeres predominan en este grupo-, y el 14,9 por ciento reconoce tomarlo cuando está deprimido, el 8,2 por ciento al notarse ansioso, y el 2,9 cuando está enfadado.
La moderación, por tanto, es la única recomendación, así como no rebelarse contra las apetencias del cuerpo, ya que, como decía el gastrónomo francés Jean Anthelme Brilliat-Savarin en el siglo XIX, el gusto "invita a reparar las pérdidas del ejercicio físico y ayuda a elegir, entre todas las sustancias de la naturaleza, aquellas más adecuadas para nuestra nutrición".

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