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El ciclista que no conoce los límites

El estadounidense Lance Armstrong, proclamado mejor deportista mundial de 2001 en la encuesta de la Agencia EFE, es un ejemplo de la capacidad del ser humano parasuperar las dificultades y alcanzar la meta propuesta.

MADRID.--- El estadounidense Lance Armstrong, proclamado mejor deportista mundial de 2001 en la encuesta de la Agencia EFE, es un ejemplo de la capacidad del ser humano parasuperar las dificultades y alcanzar la meta propuesta.
Armstrong, nacido el 18 de septiembre de 1971 en la localidad tejana de Plano, venció al cáncer antes de convertirse en el nuevo amo del Tour de Francia, cuyas tres últimas ediciones ha conquistado, demostrando que no tiene límites y que consigue los objetivos que se marca a pesar de su irregular preparación.
El corredor tejano ya aspiraba a lo más alto con 21 años, cuando tras su primer triunfo en una etapa de la ronda francesa confesó que si otro Armstrong alcanzó la Luna, él llegaría "hasta Marte".
La ambición de este hombre sigue intacta a pesar de los nueve años transcurridos desde que señalara ese objetivo, y como muestra de ello, después de conseguir este año su tercer Tour consecutivo, no dudó en señalar que en 2002 volverá "a por el cuarto".
"Es el tiempo de Armstrong", asegura el ciclista del US Postal por si había quedado alguna duda entre sus rivales, que siguen intentando encontrar el punto débil de un hombre que tras luchar por la vida parece ser indemne a todo tipo de ataques.
Su camino hacia el éxito no ha sido un sendero de rosas y, según sus palabras, todo lo que es como deportista se lo debe a su madre Linda, que llegó a ser incluso su patrocinadora en algunas carreras, y a su esposa Kristin, a la que conoció cuando luchaba contra el cáncer.
Armstrong había sido un formidable triatleta antes de tomar la decisión de dedicarse en exclusiva al ciclismo.
Su debut en 1992 no fue muy esperanzador, ya que en su primera carrera como profesional, la Clásica de San Sebastián, ocupó el último puesto (luego la conquistó en 1995). El resultado incentivó su amor propio y un año después ganó en Verdún su primera etapa del Tour de Francia.
La victoria sobre un Miguel Induráin dominador del ciclismo en el Campeonato del Mundo de Oslo, ya dejó entrever a un ciclista atrevido, dispuesto a todo y difícil de intimidar. Sin embargo, pese a su carácter agresivo, Armstrong da muestras de humildad y considera que ocupa "un nivel inferior" que el ciclista navarro.
En 1995, el estadounidense repitió triunfo de etapa en Francia y consiguió su primera victoria en una prueba larga en el Tour Du Pont, donde un año más tarde revalidaría su primer puesto en el podio para sumarlo a la Flecha Valona de 1996.
Fue en ese fatídico año en el que se fraguó el mito, cuando Armstrong tuvo que hacer frente a un avanzado cáncer testicular con metástasis en pulmones y cerebro, y someterse a un duro tratamiento de quimioterapia. Sin duda, superar el cáncer fue su mayor triunfo personal.
Su boda con Kristin Richard, su regreso a la competición con el US Postal en 1998 y sus primeras victorias en ese mismo año en el criterium de Austin, la Vuelta a Luxemburgo, la Clásica de Renania (Alemania) y la de Cascade (EEUU) despertaron la simpatía y la admiración de todos, aficionados y compañeros, que veían en Armstrong el mejor ejemplo de superación personal.
Su primer gran triunfo en el Tour de Francia llegó en 1999, cuando además del maillot amarillo logró tres victorias de etapa. Tanta hazaña después de su grave enfermedad era difícil de creer y pronto surgieron las voces, desde la prensa francesa, que le acusaban de un posible dopaje.
En aquella ocasión, la UCI (Unión Ciclista Internacional) salió en su defensa y aseguró que Lance estaba "limpio", sin embargo, los rumores no abandonaron al corredor, cuyo carácter, un tanto hermético, no ha favorecido la simpatía de prensa y público.
En el 2000, Armstrong arrasó en el Tour, en el que vistió de amarillo desde la décima etapa y sacó más de seis minutos a al alemán Jan Ullrich y más de 10 al español Joseba Beloki.
Ese mismo año, recibió el Premio Príncipe de Asturias de los Deportes, pero no pudo coronar su sueño olímpico y tuvo que conformarse con el bronce en Sydney.
Su último Tour, en el que se anotó cuatro etapas, ha sido para él "especial, lo más bello y lo más grande".
"Ahora en la vida no me falta nada. Tengo salud, dinero, familia, y en la profesión tengo éxito y grandes compañeros", señaló el estadounidense tras la victoria.
Su felicidad se completó este mes con el nacimiento de las gemelas Isabelle y Grace, que se unieron a su otro hijo Luke.

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