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Ex militar venezolano participa en entrega de oficial colombiano en poder del ELN

Un ex integrantes de la Aramda Venezolana participó en la entrega de un oficial colombiano que estaba en poder del ELN en la serranía de Perijá, revela hoy el diario Nacional de Caracas.

(Versión del diario el Nacional de Caracas)
CARACAS.---Un ex integrantes de la Aramda Venezolana participó en la entrega de un oficial colombiano que estaba en poder del ELN en la serranía de Perijá, revela hoy el diario Nacional de Caracas.
Hastiado por las dudas que se ciernen sobre el verdadero alcance de sus oficiosas gestiones ante la guerrilla colombiana, el capitán de navío Ramón Emilio Rodríguez Chacín prefiere moverse sin el sigilo al que acostumbra. Al menos eso podría desprenderse de lo que sucedió el pasado 8 de diciembre en la Sierra de Perijá. Ese sábado, el ex oficial de la Armada cruzó la frontera, tal como lo hace desde 1999, año en que fue designado por el presidente Chávez como el vocero ante los insurgentes del vecino país. Y lo hizo para participar en la entrega del subteniente del ejército colombiano, Oscar Iván Ocampo, quien permaneció secuestrado por una facción del ELN durante nueve meses. Fue una operación coordinada entre los gobiernos de Colombia y Venezuela “según reportó un cable de la agencia AP, fechado el domingo 9 de diciembre“ y al final de la entrega se celebró una rueda de prensa, en la que el oficial venezolano, flanqueado por un colega del ejército colombiano, contestó las preguntas de los reporteros.
A la salida del encuentro, Rodríguez Chacín conversó con algunos funcionarios que certificaron la misión y comentó lo difícil que le resultaba enfrentarse a la prensa. Pero se justificó con el pretexto de que era necesario definir públicamente el alcance de las gestiones del Gobierno en el conflicto armado colombiano. œDijo que Chávez sólo le encomienda el cumplimiento de una misión, pero no interviene en la manera de llevarlas a cabo. Rodríguez Chacín cuenta con un margen de maniobra lo suficientemente amplio como para tomar cualquier decisión sin consultar al Presidente, confió un allegado del militar consultado por El Nacional. Parte de esa estrategia se reveló en las ediciones de Ultimas Noticias del 10 y 11 de diciembre pasados. El paro organizado por Fedecámaras dejó la noticia en un segundo plano.
Rodríguez Chacín está pensando, quizás porque sabe que su visibilidad mediática es inevitable, en la posibilidad de invitar a los medios de comunicación para que certifiquen, in situ, las labores que desempeña. Un deseo lo anima: que los lectores y televidentes recuerden que Venezuela no es amiga de la guerrilla, sino que desea contribuir al proceso de paz en Colombia.
Parece evidente que, tras esta decisión, se esconde un mea culpa del Gobierno. Una fuente de la Disip comentó que sólo ahora Rodríguez Chacín reconoce lo inconveniente que resultaba ocultar las negociaciones que adelantaba el enviado de Chávez ante las FARC y el ELN. Esa situación dio pie para que se filtraran versiones que sugerían que Caracas negociaba directamente con la guerrilla sin pasar por la alcabala de Bogotá. Rodríguez Chacín, de acuerdo con la fuente policial, ha tomado la decisión de hacer públicas sus incursiones en territorio colombiano, tras analizar la situación política “además de consultor corporativo y profesor de la Universidad Metropolitana, el capitán de navío es también un afiebrado analista“ y desea reorientar su estrategia en función de los posibles escenarios que podrían presentársele al Gobierno, en el corto y largo plazo. œAcuérdate que él es un hombre del proceso, y que si el Presidente le pide una cosa no dudaría en cumplirla, mencionó un ex oficial de la Fuerza Armada. El propio Rodríguez Chacín manifestó en privado que es preferible aclarar públicamente los alcances de sus gestiones ante las FARC y el ELN para evitar otros malentendidos y especulaciones.
En los últimos tres años se han producido no pocos roces diplomáticos entre Caracas y Bogotá, a partir de la beligerancia que el gobierno de Andrés Pastrana le ha conferido a la guerrilla colombiana. El desatino en el manejo de las relaciones bilaterales desdibujó el objetivo que había previsto el gobierno venezolano: reconocer la presencia de los grupos irregulares en la frontera común, y negociar el rescate de los venezolanos minimizando la beligerancia. En Miraflores se llegó a la conclusión de que el hombre indicado para realizar esas labores era Ramón Rodríguez Chacín, gracias a su conocimiento de la extensa frontera que separa a Colombia y Venezuela y la discreción que caracterizaban y caracterizan sus movimientos.
Clandestino y profesor Rodríguez Chacín llegó a la Disip en febrero de 1999 por intermedio del arquitecto Nedo Paniz, después de trasegar los caminos de la clandestinidad, durante buena parte del quinquenio de Rafael Caldera. Tres meses después de ser amnistiado por su participación en la fallida intentona golpista del 27“N, la Corte Marcial le dictó un auto de detención a raíz del los enfrentamientos de Boca de Grita, El Vallado, Totumitos y Las Garcitas. Rodríguez Chacín era el oficial de la Armada en el Comando Específico José Antonio Páez. Eso era una cosa y la masacre del Amparo otra.
Las organizaciones no gubernamentales y el diputado Walter Márquez, hoy embajador de Venezuela en India, sugirieron entonces que las personas fallecidas en los encuentros, no eran irregulares sino campesinos colombianos y venezolanos. Esta versión fue rechazada por Henry López Sisco, el representante de la Disip en el Cejap, en innumerables declaraciones recogidas en los archivos de los periódicos. Pero mientras López Sisco fue impuesto de un auto de detención por estos casos, al mismo tiempo que cumplía una sentencia por el caso de los sobres bomba, Rodríguez Chacín no se puso a derecho y pasó a la clandestinidad.
Cuando el oficial de la Armada decidió no acatar la decisión de la Corte Marcial trabajaba como profesor en la Universidad Metropolitana. Nadie advirtió entonces que el profesor Ramón Rodríguez “como se le conoce en el medio académico“ era un prófugo de la justicia. Solía pasar inadvertido porque, entre otras cosas, siempre se apartó de los debates políticos que sostenían sus colegas. œRamón pasó mucho trabajo entre 1994 y 1998. Estuvo del timbo al tambo. Uno de los hijos que tuvo con Franselina, su segunda esposa, nació mientras él estaba en la clandestinidad. Pero ese es un tronco de tipo. Un amigo de sus amigos. Una vez salía de mi casa y me lo encontré manejando una Cherokee negra. No lo reconocía. Llevaba el pelo largo y unos lentes oscuros, recuerda Nedo Paniz.
Rodríguez Chacín decidió ponerse a derecho en febrero de 1998, año en que la Corte Marcial falló a favor de los integrantes del Cejap involucrados en los casos mencionados arriba. Ya en 1989 se había producido una sentencia que los libraba de cualquier responsabilidad, pero posteriormente la justicia militar decidió reabrir el expediente, aduciendo vicios en el proceso.
Siempre pensó que todo se trataba de un pase de factura de Carlos Andrés Pérez y por eso desafió la orden. Entonces se dijo que volver a la normalidad sería cosa de días. Pero sólo regresó a la calle en septiembre de 1998, gracias a las gestiones que hizo el entonces ministro de la Defensa, Tito Rincón Bravo.
Encuentro postergado
El primer acercamiento entre Hugo Chávez y Ramón Rodríguez Chacín pudo ocurrir en septiembre de 1998, pero Chávez prefirió esperar. Luis Pineda Castellanos, quien entonces fungía como el jefe de seguridad del candidato y fue el primer director de investigaciones de la Disip de la actual administración, conversó con el capitán de navío en el edificio Keops de Las Mercedes pero no lograron concretar la incorporación de éste a la campaña presidencial. Pineda y Rodríguez Chacín participaron en el fallido golpe de estado del 27“N y se les asignó la misión de tomar la Comandancia Comandancia General de la Armada. Alfredo Meza Los infantes de marina asignados a esa tarea no pudieron cumplir el objetivo y fueron arrestados la noche anterior, el día 26, por los oficiales leales al Gobierno. Cuando Rodríguez Chacín y Pineda arribaron a la sede en San Bernardino nadie respondió a la contraseña acordada “tenían que prender dos veces las luces del vehículo donde viajaban y entonces serían recibidos por los compañeros alzados“ y decidieron presentarse en la Planicie, donde horas más tarde negociaron su rendición. Fueron recluidos en el Cuartel San Carlos. Rodríguez Chacín compartió la celda con el coronel Jorge Garrido, ex presidente de Fontur. Los oficiales no abandonaron la disciplina militar en las celdas, pero llamaba la atención que volvían a repetirse los mismos errores que llevaron a la delación del movimiento. Los cuerpos de seguridad del Estado tenían conocimiento de todas las conversaciones e informaciones que intercambiaban los líderes de la asonada del 27“N. Un ex funcionario de inteligencia de la Disip le contó a El Nacional que Rodríguez Chacín trabajó como informante para la división de inteligencia, incluso mucho antes de conspirar contra el Gobierno de Pérez.
Ahí todo el mundo era sospechoso. Recuerdo que una vez nos reunimos y planteamos la situación. Sabíamos que había alguien que filtraba las informaciones, evoca Jorge Garrido. El otro sospechoso era Luis Pineda Castellanos. Cuando Rodríguez Chacín trabajó como Jefe de Inteligencia de la Disip volvió a ser señalado como œcuerda floja por Jesús Urdaneta Hernández “primer director de ese cuerpo policial en la actual administración“ luego de una reunión que finalizó en un fortísimo altercado y con la renuncia del capitán de navío. Los señalamientos fueron suficientemente ventilados en la edición de la revista colombiana Semana del 1 de julio de 2000 y siguieron la secuencia del enfrentamiento entre los comandantes que se alzaron el 4 de febrero de 1992.
Entre octubre y noviembre de 1999 comencé a recibir información de que el hombre estaba jugando a la cuerda floja; es decir, pasaba información donde no tenía que pasarla, contó Urdaneta a Semana. Había, sin embargo, una razón, acaso mucho más poderosa, que motorizaba los señalamientos de Urdaneta. Rodríguez Chacín tenía línea directa con el presidente Hugo Chávez porque había sido designado como el funcionario encargado de manejar las relaciones con la guerrilla. œAhí estuvo el error de Jesús Ernesto. El permite que se forme una relación íntima entre Chávez y Ramón sin pasar por su filtro, analiza Paniz. Se dijo que Rodríguez maneja una partida millonaria y que devenga 7000 dólares mensuales por su trabajo. James Bond también cobra en moneda dura.
No resultó sorpresivo que a raíz del enfrentamiento entre Chávez y Urdaneta “ que truncó el nombramiento de éste como ministro del Interior y Justicia y frustró el ascenso de Rodríguez Chacín a la dirección de la Disip“ se vinculara al capitán de navío con el grupo que respondía a las órdenes de José Vicente Rangel y Luis Miquilena. Las sospechas aumentaron porque la esposa de Rodríguez Chacín, Franselina, trabajó durante ese tiempo, y hasta hace 2 meses, en el Ministerio de Interior y Justicia, como Directora General de Planificación y Presupuesto. Un rumor que circulaba por el Helicoide sugería que Franselina sería el puente entre el capitán de navío y el ministro Luis Miquilena.
Buenos amigos Pero esos vínculos jamás quedaron demostrados, así como tampoco la conseja que sugiere que Rodríguez Chacín interceptó los teléfonos de Henry López Sisco para conocer los contactos del ex funcionario de la Disip con la guerrilla colombiana. œEse no es el estilo de Ramón. Si tú andas en algo, él mismo te llama para advertirte que ya te está investigando. Ese es un guerrero del carajo, afirma López Sisco.
En realidad López Sisco era investigado por la Disip porque en 1999 existían rumores de que planeaba conspirar contra el Gobierno del presidente Chávez. Esa acusación no pudo ser confirmada por las dependencias estatales de inteligencia, así como tampoco parece tener asidero alguno de los supuestos enfrentamientos entre los antiguos miembros del Cejap. œYo estaba aprisionado bajo un helicóptero y Ramón me sacó. Le pregunté si estaba jodido y el me respondió: Tú estás mas jodido que yo. Entonces dispuso todo para que me evacuaran del lugar, recordó el ex jefe de Operaciones de Disip. La anécdota corresponde al accidente que ocurrió el 7 de octubre de 1988, cuando ambos sobrevolaban en helicóptero el Hato Bolívar, en el estado tachira.

Rodríguez Chacín era el Jefe de Operaciones del Cejap “ el comandante era el coronel Enrique Vivas Quintero, hoy diputado al Parlamento Latinoamericano por el MVR“ gracias a sus altas credenciales como infante de marina. Venía de fundar, en 1976, la Unidad de Operaciones Especiales de la Armada. A pesar de haber obtenido el puesto 29 entre 43 compañeros en la promoción que egresó de la escuela naval en 1970, siempre tuvo perfil elevado en su carrera militar. œLa hoja de servicios de Ramón es impecable, concede Nedo Paniz. Los compañeros militares guardan respeto circunspecto cuando se refieren a los logros que Rodríguez Chacín alcanzó en su carrera. Pero en la Disip a nadie le es indiferente esa seducción perversa que el capitán de navío practica con el adversario para después demolerlo. ¿Cuál de estos dos Rodríguez Chacín es el que trabaja con el Presidente Chávez?
El amigo espía
Hugo Chávez parece haber hecho las paces con su amigo/enemigo Pastrana, ¿no es así, Andrés?, pero esta vez el colombiano habrá pedido una prueba de sinceridad, lo menos que podía hacer tras los muchos baches diplomáticos abiertos por el de Venezuela.
Cómo estará su alma que decidió entregarle a Ballestas, el aeropirata protegido, para que se lo agradeciera quién sabe quien. Al Presidente le gusta la aventura político/diplomática/policial, pero el pobre en su choza (el himno adelante) cultural, sobrestima intermediarios e interlocutores, particularmente los de uniforme (tiene el gusto de quinceañera boba, de las de antes), así sea de guerrillero. A cada paso amanece enmarañado a las puertas de un escándalo internacional.
Un día reconoce a todas las siglas guerrilleras colombianas como beligerantes, con iguales credenciales que el gobierno de Pastrana para convertirse en interlocutor válido del suyo, y se hace necesario que José Vicente intervenga para aclarar, lo que nunca hace a satisfacción de nadie: él ni se inmuta, y sigue ahí.
Otro día acude a una visita de Estado, acompañado por un tipo raro, registrado como guardaespaldas, que le endosó Pedro Antonio, como suele llamar, confianzudo como el sólo, a Marulanda (Tirofijo), y (por supuesto) el hombre resulta espía, acusado de estar complotado para asesinar a Pastrana y también a uno de los candidatos presidenciales colombianos.
Su red de intermediarios no puede ser más chocarrera: la controla un ex capitán de navío retirado, ex disip, maleado en operaciones en las que nadie sale bien del todo, con gente incapaz de garantizar lealtad, solidaridad, pertenencia, afinidad a nada y a nadie: se compra y se vende, aquí y allá, al mejor postor y al mejor pagador.
La forma de embaucar al mandatario es muy sencilla: a nombre del antiimperialismo o en contra del neoliberalismo y de la globalización, facilita el acceso por tierra a la guerrilla (que ya no es en modo alguno la romántica empresa revolucionaria o de liberación nacional simbolizada por el Che) y se pone en las malas con el gobierno norteamericano, que ahora vuelve a ser de terror y talibánico (los mismos esquemas: macartismo y big stick, pero actualizados), por más que luche contra el terror de los talibanes.
Prohibe los vuelos que los gringos vienen haciendo cada vez que les viene en gana, sin que nadie se entere: pidieron permiso, como decía Cantinflas, solamente para tantearlo. A la hora de decir (hacer no figura en el diccionario de Chávez y eso a veces lo salva) insensateces, allí está mi gallo listo para soltarlas hasta por encargo: ¿cuántas por hora? Luego le toca al ministro de la Defensa aclarar y empeorar las cosas, y si se requiere un toque de experto para terminar de ponerla, pa™qué buscar en otro lado si aquí mismo tenemos a la vicepresidenta Adina. Pedro Llorens

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