El servicio militar no puede ser utilizado como reformatorio
Patricia es una de las cinco jóvenes que tienen hoy el privilegio de hacer parte del Ejército Colombiano y que lograron sortear con éxito las rígidas pruebas a que fueron sometidas para obtener cupo dentro de esa institución.
Bogotá.--- Patricia es una de las cinco jóvenes que tienen hoy el privilegio de hacer parte del Ejército Colombiano y que lograron sortear con éxito las rígidas pruebas a que fueron sometidas para obtener cupo dentro de esa institución.Otras 295 que tenían las mismas pretensiones y anhelos vieron frustrados sus propósitos porque no lograron superar los exámenes a que fueron sometidas.Todas ellas son bachilleres y esperaban ser reclutadas por las Fuerzas Militares y la Policía Nacional para prestar voluntariamente el servicio militar.Y es que ingresar hoy a la milicia no resulta tan fácil.Esto pese a que para los hombres mayores de 18 años de edad pero menores de 28, es una obligación legal definir su situación militar, oportunamente.Para las mujeres es mucho más complicado. De las 300 que acudieron a las zonas de reclutamiento que operan en el país, solo 57 fueron seleccionadas, en principio, pero al final apenas cinco pueden lucir hoy, orgullosamente, el uniforme militar.Además de Patricia Casallas, hacen parte del Ejército, a partir de este año, Omaira Sierra, Viviana Ivonne Montenegro, Leydy Amaya, Olga Lucía Bolívar, las cinco afortunadas jóvenes que, pese al rigor con que fueron examinadas, lograron superar tanto las pruebas físicas e intelectuales como las sicológicas.La selección de ese aporte femenino al Ejército la hizo la Dirección de Reclutamiento, que por mandato legal cada año se encarga de nutrir, con personal, a las Fuerzas Militares de Colombia y a la Policía Nacional, para permitir que el papel que la Constitución les ha asignado de defender a las instituciones, sea eficaz y se mantenga incólume.La tarea de incorporar cada año a los jóvenes que requiere la milicia, le ha sido encomendada al coronel Luis Armando Barreto, un fogueado oficial con 29 años de servicios al Ejército colombiano.Barreto está vinculado a esa institución --la Dirección de Reclutamiento-- desde junio de 2000 cuando comenzó a ejercer la Subdirección, pero desde enero de este año está encargado de la Dirección.Es un trabajo que le agrada porque le permite estar en contacto permanente con la juventud y también porque se le ha encargado de escoger a quienes tienen y tendrán la misión de defender no solo la soberanía nacional sino de preservar y mantener intactas las instituciones patrias.ZONAS Y DISTRITOSEl coronel Barreto se ha trazado como visión hacer de esa institución la más efectiva en el servicio público, incorporar el mejor capital humano y llegar a ser ejemplo de transparencia que --según él-- debe convertir a la Dirección de Reclutamiento en "la mejor vitrina de las Fuerzas Militares".El oficial y quienes lo sucedan en el cargo tienen como misión planear, dirigir y controlar con eficacia la definición de la situación militar de los colombianos, las reservas y los planes de movilización.Además porque esa tarea les ha sido señalada por la ley 48 de 1993 que reglamentó el servicio de reclutamiento y movilización.El oficial coordina la incorporación de personal en todo el país para las Fuerzas Militares y la Policía Nacional a través de las 15 zonas que incluyen 57 distritos militares.Dos de esas zonas operan en Bogotá y las otras en Tunja, Barranquilla, Cali, Medellín, Bucaramanga, Ibagué, Armenia, Neiva, Villavicencio y Montería.Ante ellas están obligados a acudir, para inscribirse, no solo los hombres que alcanzan los 18 años de edad sino también los estudiantes que cursan el grado once.De esos inscritos, quienes resulten sorteados serán reclutados como soldados bachilleres si lo son, o como soldados regulares si no lo son.Los bachilleres tienen la posibilidad de ingresar no solo a cualquiera de las cuatro armas sino también a la Policía o al Inpec, el Instituto que en Colombia maneja las prisiones y las custodia con guardianes.Prestarán el servicio por doce meses en labores meramente administrativas. Tendrán una instrucción de tres o cuatro meses, antes de comenzar a realizar sus labores.Los regulares reclutados por la Dirección --explicó el coronel Barreto-- son enganchados por el Ejército. La Fuerza Aérea y la Armada Nacional, en este caso, hacen su propia selección.Prestarán el servicio por 18 meses. Los primeros seis en instrucción y preparación y los otros 12 en operaciones.El reclutamiento no es caprichoso. Obedece a un plan previo diseñado por el Comando del Ejército, que precisa las necesidades y requerimientos de cada arma.Anualmente se incorporan a la milicia cinco contingentes.Cada contingente del Ejército está integrado por 900 bachilleres y entre 12.500 y 12.800 soldados regulares.De los 220.000 estudiantes que concluyen el bachillerato, a la milicia ingresan 20.500. Mientras que unos 27.000 jóvenes son reclutados como soldados regulares.Los bachilleres son distribuídos así: 2.980 para el Ejército, 450 para la Armada, 750 para la Fuerza Aérea y unos 15.000 para la Policía Nacional. También se incorporan al Inpec 1.210.A los bachilleres que les corresponde el Ejército son destinados al Batallón Guardia Presidencial, que opera en Bogotá, a los batallones que funcionan en distintas ciudades, a las escuelas de formación y capacitación y a la Dirección de Reclutamiento.EL SORTEOComo la ley 48 establece que quien cumpla los 18 años está obligado a definir su situación militar, esto implica que debe inscribirse ante los distritos.A los regulares, es decir, quienes no han terminado su bachillerato, se les somete a un examen médico inicial, que permite determinar si es apto para el servicio.Sí alguno aduce ser inhábil se le somete a un segundo examen que es definitivo para determinar si sirve o no para la milicia.Los calificados como "aptos" son citados a concentración, en cada distrito. Allí se precisa el número de soldados que se requieren y se hace el sorteo correspondiente. Quienes sean escogidos, comenzarán a vestir el uniforme, a partir de ese momento.Los estudiantes de once son inscritos entre febrero y marzo de las listas que envían, obligatoriamente, los rectores de los colegios.Se citan a un primer examen médico y si es necesario se les somete a un segundo chequeo. Luego se concentran, por llamado que se les hace, para el sorteo por balota y para determinar a qué fuerza o institución --Policía o Inpec-- quedan incorporados.El coronel Barreto defendió con ahinco la transparencia del sorteo. "Se hace delante de los padres y familiares y es el joven quien saca la balota que determina su incorporación o no al servicio militar", aseveró el oficial en su diálogo con ANCOL.Los bachilleres menores de edad están eximidos de esa obligación hasta cuando lleguen a los 18 años de edad. Pero en caso de que continúen estudiando, se les entrega una tarjeta provisional que les facilita su ingreso a la universidad.Cada institución superior está obligada a exigir la libreta militar a quien aspire a obtener cupo en ella."El estudio es prioritario", declaró el coronel Barreto al justificar el aplazamiento que se otorga al joven que ingresa a la universidad.No obstante, al concluir sus estudios superiores, debe definir su situación militar. "Sin este requisito, no es posible graduarse", advirtió Barreto.




