La sociedad convierte en parias a 2.000 leprosos de Yakarta
Unos 2.000 leprosos que habitan en un suburbio de las afueras de Yakarta se han convertido en los parias de la sociedad indonesia, que con los de la India y Birmania suman el 70 por ciento de los casos de lepra en el mundo.
YAKARTA.----Unos 2.000 leprosos que habitan en un suburbio de las afueras de Yakarta se han convertido en los parias de la sociedad indonesia, que con los de la India y Birmania suman el 70 por ciento de los casos de lepra en el mundo.Se trata de los habitantes de Serbaguna, un pueblo que se levanta cerca de una antigua leprosería, a donde comenzaron a trasladarse a partir de 1951 los infectados por esta enfermedad que no eran aceptados por la sociedad de Yakarta.Según el director educativo del hospital de Sitanala, doctor Iwan (que como muchos indonesios sólo utiliza un nombre), "después de tres meses, los ex leprosos están supuestamente preparados para abandonar el pueblo y reinsertarse, pero muchos no lo hacen porque ya han sufrido el rechazo social".La Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que casi 1,15 millones de personas padecen lepra en el mundo, y cada año se detectan cerca de 560.000 nuevos casos.Hoy en día la enfermedad se puede combatir con éxito gracias a tratamientos médicos, que evitan el contagio y permiten una rápida curación.Las clases más desfavorecidas, que padecen carencias nutricionales y viven en áreas empobrecidas como Serbaguna, suelen ser las más afectadas por el bacilo de la lepra, que reside en las terminaciones nerviosas y provoca mutilaciones."Es mejor vivir aquí que fuera", aseguró a EFE Mariyatin, una mujer de unos 50 años que vive junto a su esposo Askan, también leproso, y sus tres hijos sanos en una choza que hace las veces de tienda de comestibles."No nos aceptan fuera del pueblo. Nadie quiere vivir al lado de un leproso", aseguró tras insistir en la marginación que padecen los residentes del suburbio.El matrimonio trabaja codo con codo desde el amanecer vendiendo productos que adquieren fuera de la comunidad, explica Mariyatin mientras se da masaje en su pie vendado, mostrando únicamente su cabeza.Por su parte, su esposo Askan, cuyas manos curvadas son un signo inequívoco de la enfermedad, afirma que la gente fuera de Serbaguna le tiene miedo. "Si voy al mercado a comprar y el vendedor sabe que soy leproso, me tira el cambio al suelo".El rechazo social que padece el matrimonio es similar al de Zaenal, un hombre de 30 años y conductor de una bici-taxi que espera perezoso en un camino polvoriento a su próximo pasajero."Es duro encontrar trabajo en otros lugares. La gente me rechaza fuera de aquí, me miran de la cabeza a los pies y eso hace que me sienta avergonzado", afirma Zaenal, que cree que fue Alá quien le hizo enfermar.Tras dos años en el hospital, Zaenal insiste en que está muy cómodo viviendo en el pueblo de los parias y su mujer, también enferma, cuida al igual que Mariyatin de sus dos hijos sanos, mientras su esposo pedalea por las calles del poblado para conseguir un dólar diario. "Lo suficiente para mantener el cuerpo y el alma enteros", asegura con sarcasmo el conductor.Los leprosos de Serbaguna sufren además la tortura de las ratas, que por las noches roen sus pies enfermos, muchas veces sin que se den cuenta de ello.Según el doctor Iwan, los más de 2.000 habitantes del pueblo residen en este lugar de forma ilegal y "eso no preocupa a nadie en Serbaguna".No sólo no preocupa a los propios residentes, que creen que tienen todos los derechos y además nadie les ha pedido que se vayan, sino que tampoco inquieta a las autoridades, pese a que los terrenos son propiedad del Gobierno.




