Un tribunal niega a ex marido derecho sobre embriones congelados
Un tribunal de Nueva Jersey (EEUU) ha decidido que los embriones congelados de un matrimonio que se ha separado no pueden ser utilizados por el ex marido en contra de la voluntad de la mujer.
WASHINGTON.--- Un tribunal de Nueva Jersey (EEUU) ha decidido que los embriones congelados de un matrimonio que se ha separado no pueden ser utilizados por el ex marido en contra de la voluntad de la mujer.La decisión, que será recurrida por el hombre ante el Tribunal Supremo, plantea uno de los casos más conflictivos que se han producido en torno a los embriones sobrantes tras un proceso de fertilización in vitro.La mujer, que vive en el condado de Camden County (Nueva Jersey) y ha sido sólo identificada como J.B, había expresado al tribunal su deseo de que, una vez separados, su ex marido no pueda usar los embriones en un nuevo matrimonio o donarlos a parejas estériles.El tribunal, en una decisión unánime de siete votos contra ninguno, ha decidido que la mujer "tiene el derecho a no ser madre contra su voluntad", lo que está por encima del derecho del hombre a procrear.El caso es controvertido porque el ex marido, identificado como M.B, había argumentado que sus convicciones religiosas no permiten la destrucción de los embriones y que deben ser utilizados para tener hijos en una nueva relación o ser donados.La corte, sin embargo, ha dictado una resolución en la que le conceden el derecho a mantener los embriones congelados de modo indefinido, pagando por el coste de la congelación, o destruirlos.El abogado Eric Spevak, que representa al hombre, ha señalado que de momento se mantendrán congelados, ya que eso da a su cliente la posibilidad de plantear una apelación.La controversia sobre los embriones sobrantes de las clínicas de fertilización in vitro se ha puesto en especial evidencia con el debate que se vive en EEUU por las denominadas células "madre" embrionarias.Cientos de clínicas de fertilización de EEUU se han visto sumidas en el problema de tener que decidir sobre el futuro de numerosos embriones, ya que el coste de mantenerlos congelados es elevado y muchas parejas no saben qué hacer con ellos.A menudo se producen 10 ó 15 embriones para garantizar que una implantación tiene éxito y, cuando esto ocurre, los sobrantes son congelados o destruidos, según el deseo de las personas de quienes proceden.En el caso planteado ahora en Nueva Jersey, M.B y J.B lograron tener una hija mediante los procedimientos de fertilización in vitro en 1996, tras implantarse en la mujer cuatro embriones, pero ese mismo año se separaron.Un total de siete embriones, que no fueron utilizados en aquella intervención, se habían mantenido congelados desde entonces en la clínica y, consumada la separación, el ex marido había pedido que se le autorizara a usarlos en una nueva relación, mientras que la mujer había pedido que se destruyeran."El derecho de M.B a procrear no se pierde si se le niega la oportunidad de usar o donar los embriones", señala la sentencia."M.B es ya padre y puede serlo de nuevo, tanto mediante procreación natural como posterior fertilización in vitro", precisa el texto."Por contra, el derecho de J.B. de no procrear se puede ver dañado si se usan los embriones o se donan. La implantación, si tiene éxito, puede dar lugar a su hijo natural y eso puede tener importantes implicaciones emocionales y psicológicas", sostiene la sentencia.La controversia plantea uno de los conflictos que están apareciendo en torno a los embriones congelados, en los que se disputa el derecho sobre ellos de los cónyuges, especialmente en el caso de una separación matrimonial o desavenencias posteriores. EFEjrr/psh/jla/hma




