Una Biblia y ejemplar del Corán se incineraron con la Mir
La veterana estación espacial rusa Mir cayó el viernes una remota zona del Océano Pacífico como un flamígero bólido llevando consigo un ejemplar de la Biblia, otro del Corán y una variada diversidad de mutaciones cósmicas de hongos.
MOSCU.--- La veterana estación espacial rusa Mir cayó el viernes una remota zona del Océano Pacífico como un flamígero bólido llevando consigo un ejemplar de la Biblia, otro del Corán y una variada diversidad de mutaciones cósmicas de hongos.Durante sus 15 años de existencia, que abarcaron la era soviética, la caída del Muro de Berlín, el colapso del comunismo y un tambaleante inicio de las reformas de mercado en la Rusia poscomunista, 104 cosmonautas y astronautas habitaron la Mir.En los 12 años, seis meses y nueve días que la Mir estuvo habitada, la estación espacial completó 86.220 órbitas de la Tierra.Valeri Polyakov, al pasar 437 días consecutivos a bordo, demostró que, en teoría, los vuelos tripulados a Marte son posibles. La astronauta estadounidense Shannon Lucid tiene el récord de mayor estada de una mujer en la Mir: 188 días.Al reingresar en la atmósfera terrestre, 11 toneladas de equipo científico, una biblioteca de 100 libros, entre ellos sendos ejemplares de la Biblia y el Corán, y una foto del primer hombre en viajar al espacio, Yuri Gagarin, también se incineraron.Las temperaturas a bordo de la Mir iban a llegar hasta unos 1.500 grados Celsios durante la reentrada, lo cual debería ser lo bastante caliente como para destruir agresivas formas de hongos en la estación, algunas de las cuales datan de una antecesora de la Mir, la rusa Salut-7.Ninguno de los microorganismos han perjudicado a los miembros de las distintas tripulaciones de la Mir a lo largo de los años, pero si llegan a sobrevivir a la reentrada (un extremo del que dudan muchos expertos) podrían mutar en la Tierra, con consecuencias imprevisibles.Trozos de la Mir comenzaron a caer desde las 0600 GMT en una zona remota del Pacífico Sur, dejando una estela de fuego y humo sobre el cielo de las islas de Fiji, tal y como lo había previsto la agencia espacial rusa.Sin embargo, Moscú suscribió una póliza de seguro por valor de 200 millones de dólares, para cubrir cualquier posible reclamo si algunos trozos de la estructura de 136 toneladas llegaran a causar algún herido o daños materiales en zonas habitadas.A pesar de que se volvió cada vez más propensa a los accidentes a medida que su vida útil se extendía mucho más allá de la originalmente programada, la Mir sentó una diversidad de hitos que la Estación Espacial Internacional (EEI), que la sucederá, habrá de esforzarse para romper.El invaluable conocimiento sobre viajes espaciales prolongados que se ha obtenido a bordo de la Mir mejorará considerablemente los trabajos en la EEI, garantizando así la supervivencia del legado de la era soviética.




