Londres mata reses sanas para frenar una epizootia que se agrava
El Gobierno británico confirmó, el inicio del polémico sacrificio de animales sanos para luchar contra la fiebre aftosa, mientras que la enfermedad sigue haciendo estragos en todo el país y los brotes son ya más de 300.
Por Pedro AlonsoLONDRES.---- El Gobierno británico confirmó, el inicio del polémico sacrificio de animales sanos para luchar contra la fiebre aftosa, mientras que la enfermedad sigue haciendo estragos en todo el país y los brotes son ya más de 300.Pese al descontento de los granjeros, el plan del Ejecutivo para exterminar animales sanos localizados a menos de tres kilómetros de explotaciones infectadas se cobró el sábado la vida de 1.800 ovejas, aparentemente libres del mal, en dos granjas de Escocia.El ministro de Agricultura británico, Nick Brown, ha pedido la colaboración de los ganaderos para frenar una epizootia que, lejos de estar "bajo control", como él mismo ha repetido hasta la saciedad, parece cada día más virulenta en un país con 312 casos."No podremos controlar fácilmente los brotes de la enfermedad si la gente intenta resistirse a las medidas de inspección", afirmó Brown.El ministro reiteró su apoyo a la iniciativa gubernamental porque el propósito es eliminar "animales que han estado expuestos a la enfermedad, pero todavía no muestran los síntomas"."La gente se refiere a estas reses como animales sanos, pero desconocemos si están a salvo del mal", explicó el titular de Agricultura, que no descarta la participación del Ejército para agilizar las labores de incineración de los animales.El veterinario oficial del Gobierno, Jim Scudamore, reconoció que la actual situación es más grave que la terrible epizootia de 1967, todavía presente en la memoria del campo británico y que costó el sacrifico de medio millón de animales."Transcurridas tres semanas de brotes, comentó Scudamore, ya contamos con 278.000 animales afectados. Durante los seis meses que duró la epizootia de 1967, sólo 400.000 reses padecieron el mal, lo que muestra la gravedad de la presente crisis".Además, el plan del Gobierno se han convertido en una "espada de Damocles" que pende sobre muchos ganaderos, arruinados y víctimas de la peor crisis que sufre la industria agroalimentaria del Reino Unido desde la crisis de las "vacas locas" en los años noventa.Según Moira Linakre, una humilde mujer de 60 años que vive de unas treinta cabezas de ganado en Warwick Bridge (Cumbria, en el noroeste de Inglaterra y uno de los condados más afectados), es como estar "sentada encima de una bomba cronometrada"."Es como una sentencia de muerte que se cierne sobre nosotros", añade Linakre, que precisa que su pequeño rebaño pasta a poco más de tres kilómetros de una granja infectada, casi la distancia decretada por el Ejecutivo para proceder a la matanza.La desolación que vive la campiña ha llegado, incluso, al corazón de la reina de Inglaterra Isabel II, quien parece haber pedido la suspensión de las carreras de caballos hasta que no se erradique la crisis, según el dominical británico "The Mail on Sunday".Según el diario, la reina, cabeza del "Jockey Club" (la máxima autoridad de dicho deporte en el Reino Unido), cree que los responsables de esta práctica se comportan "de forma insensible" al permitir la disputa de las carreras.En términos económicos, la crisis de la fiebre aftosa costará a Gran Bretaña unos 12.600 millones de dólares, un 1,1 por ciento del producto interior bruto (PIB), de acuerdo con un estudio divulgado hoy por el Centro de Investigación Comercial y Económica (CEBR).La fiebre aftosa es nociva para las reses afectadas porque causa ulceraciones alrededor de los morros y las pezuñas de los animales y, aunque no provoca su muerte, los debilita y dejan de ganar peso y de producir leche.Aunque no supone un peligro para el ser humano, la fiebre aftosa puede transmitirse a través del aire, de la ropa y de los neumáticos de lo vehículos, lo que imprime gran velocidad a su propagación.




