La lucha de las mujeres árabes por sus derechos se enfrenta a paternalismo radical
Mientras la mujer lucha en la conservadora península Arábiga por sus derechos sociales y políticos, desde las mezquitas se inculca a los hombres, con tono paternalista radical, que ellas les pertenecen, aunque deben darles un buen trato.
DUBAI.---- Mientras la mujer lucha en la conservadora península Arábiga por sus derechos sociales y políticos, desde las mezquitas se inculca a los hombres, con tono paternalista radical, que ellas les pertenecen, aunque deben darles un buen trato."Las mujeres os pertenecen y tenéis derechos sobre ellas, pero las tenéis que tratar bien", dijo hoy a la multitud el predicador de una mezquita de los Emiratos Arabes Unidos, en la víspera del "Día Internacional de la Mujer".A pesar de que la religión musulmana reconoce los derechos de la mujer a la vida, la educación, la propiedad y los negocios, la tradición y la interpretación radical de los textos islámicos las priva en estos países de gozar de la igualdad con los hombres.En Arabia Saudí, un caso extremo en el que la vida se reglamenta por una lectura maximalista del Islám, las mujeres tienen prohibido conducir o viajar al extranjero sin el permiso de un miembro varón de su familia y no disponen de documentos de identidad.Las saudíes no pueden acceder a puestos oficiales, salvo en los Ministerios de Salud y Educación, no cobran pensiones, ni acceden a la jubilación.Este país, el mayor productor y exportador de petróleo del mundo, suscribió el año pasado la Convención para la Erradicación de toda Forma de Discriminación de la Mujer de la ONU, pero advirtió de que no aplicará los artículos que contradigan la ley islámica.En Yemen, el país más pobre de la península Arábiga, la violencia psicológica y física contra las mujeres, prohibida por la ley, es muy habitual, ya que las costumbres tribales impiden al Gobierno de Sana aplicar las normas en todo su territorio.Esas tradiciones consideran que el Islám otorga menos derechos a las mujeres que a los hombres, lo que lleva a que sólo un 35 por ciento de las niñas acudan a la escuela primaria y favorece un 80 por ciento de analfabetismo femenino, frente al 35 por ciento del masculino.La ley también prohíbe que las jóvenes contraigan matrimonio antes de los quince años, pero el Gobierno yemení no puede controlarlo y las novias de las zonas rurales, en muchos casos, no superan los doce o los trece años.Si logra superar la niñez y los múltiples partos en condiciones sanitarias muy deficientes a que la condena la ausencia de una planificación familiar, la mujer adulta yemení goza, por contra, de unos derechos políticos que ni siquiera sueñan el resto de mujeres del Pérsico.En igualdad con los hombres, pueden votar y ser elegidas representantes locales y diputadas e, incluso, acceder a la Presidencia del país, que tiene a 26 mujeres en su cuerpo diplomático y varias parlamentarias.En Bahrein, Qatar y Omán, tres ricas monarquías que recientemente han dado los primeros pasos para democratizar sus instituciones, las mujeres tienen derecho al voto, pero aún no existen los organismos a los que poder acceder mediante el sufragio.En Kuwait, que aparte de Yemen es el único país de la zona con un Parlamento elegido por votación popular, el sufragio es sólo masculino y las mujeres han perdido recientemente una batalla legal por los derechos políticos.La Constitución kuwaití de 1962 otorga derechos iguales a hombres y mujeres, pero estos derechos no se respetan y el Parlamento, dominado por integristas islámicos y representantes tribales muy conservadores, no está dispuesto a admitirlos.Aún así, la mujer kuwaití goza de muchos más derechos sociales que sus vecinas del Pérsico y recientemente ha conseguido, por ejemplo, acceder a la Policía y a las Fuerzas Armadas.




