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Otros clásicos del mundo: de las guerras de religión a internet

Las conflictos religiosos, la eterna lucha de clases nobles y populares o la "guerra" convocada a través de la Red, son ejemplos de la pasión que envuelve a los otros "clásicos" en el mundo, los partidos de fútbol que nunca terminan, porque su final da paso al debate encarnizado entre los hinchas.


Por Oscar González
MADRID.---- Las conflictos religiosos, la eterna lucha de clases nobles y populares o la "guerra" convocada a través de la Red, son ejemplos de la pasión que envuelve a los otros "clásicos" en el mundo, los partidos de fútbol que nunca terminan, porque su final da paso al debate encarnizado entre los hinchas.
Cada país, cada ciudad y casi cada barrio tiene su "clásico", en los que un equipo alcanza su razón de ser en función de la mala fortuna de su máximo rival, pero sólo algunos son considerados "Superclásicos" o "classicissima", como el que se vivirá el próximo sábado en España entre el Real Madrid y el Barcelona.
A menudo, estos enfrentamientos no reflejan más que las diferencias de la sociedad. Así, nacieron los principales "clásicos" de Sudamérica, que enfrentan a Peñarol y Nacional en Uruguay, a Universitario y Alianza en Perú o a Universidad de Chile y Colo Colo, pero por encima de todos está el Boca Juniors-Ríver Plate argentino.
El Boca-Ríver se ha repetido en más de 280 ocasiones desde 1913 y aún ricos". Los "xeneizes" (genoveses), arraigados en el popular barrio de la Boca, dicen ser "la mitad más uno" del país, mientras que los "millonarios", asentados en el residencial barrio de Núñez, se definen como "una institución".
Están tan interrelacionados que hasta han asumido como apodos propios los insultos de la hinchada rival. Los riverplatenses asumen ser "las gallinas" tanto como los boquenses son "bosteros", mote utilizado porque la Bombonera se asentó sobre una fábrica de ladrillos que utilizaba la "bosta" (excremento) de caballos.
Es un Superclásico que divide a un país, con el ex presidente Carlos Menem como hincha declarado del Ríver y Diego Maradona como icono boquense.
Un partido entre ambos es suficiente para ganarse 1.500 pesos de multa, por colgar una gallina de plástico con la camiseta de Ríver ahorcada de uno de los palcos Vip de la Bombonera, o para "empapelar" Buenos Aires con proclamas alusivas a la derrota del rival.
Sus irreconciliables aficiones han provocado numerosos incidentes, el último, el pasado 22 de enero, cuando tuvo que suspenderse un partido de un torneo de verano, por una pelea en las gradas que dejó un saldo de 26 heridos y 23 detenidos.
Carácter social, pero sobre todo religioso, tiene la rivalidad del Celtic y el Rangers en Glasgow, el "Old Firm". El primero, fundado por emigrantes irlandeses, agrupa a la comunidad católica, tradicionalmente más desfavorecida que la protestante (Rangers).
"Hay gente que insiste en que otras rivalidades futbolísticas pueden generar tanta intensidad como los choques entre Rangers y Celtic. Bien, he estado en San Siro, en el derbi de Milán, en Barcelona cuando fue el Real Madrid, he visto el Benfica-Oporto y me he visto envuelto con el Manchester United en partidos contra el City, el Liverpool o el Leeds. Créeme, no hay nada comparable con la atmósfera de un Celtic-Rangers", escribe Alex Ferguson en su biografía.
Es un partido que se juega desde 1894 y que es capaz de cambiar los planes de un Primer Ministro, el irlandés Bertie Ahern, que quiso acudir al último, el pasado 11 de febrero, y no lo pudo hacer para evitar un altercado entre dos aficiones que ya se habían peleado cuatro días antes, en un encuentro de la Copa de la Liga.
En Italia, la lucha entre el Milán y el Juventus se prolonga desde hace más de cien años. En este caso no es una lucha de clases, sino que es una pugna de la "aristocracia" del fútbol italiano, entre los dos equipos que, de hecho, se disputaron el 22 de abril de 1900 el primer torneo italiano, "la medalla del Rey" (Umberto).
La pasión de los "clásicos" también se adapta a los tiempos y la última "perversión" la protagonizaron los aficionados de los dos clubes holandeses más poderosos.
El 23 de marzo de 1997, los aficionados radicales del Ajax y el Feyenoord se citaron a través de Internet para "combatir" en un restaurante de la autopista A-9 (Haarlem-Amsterdam). Fue la mejor forma de evitar el control policial.
El resultado fue la muerte de un aficionado "ajaccied" de 35 años y la condena a cuatro años de cárcel de los cuatro hinchas del club de Rotterdam acusados del asesinato.

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