El arroz y los mosquitos: enemigos de un francés secuestrado
"¡Ahora que nadie me ofrezca arroz, lo detesto, no comía otra cosa durante los días que estuve cautivo!", exclama Ignacio de Torquemada, voluntario francés de Médicos Sin Fronteras (MSF), poco después de llegar a Bogotá tras ser liberado el lunes por la guerrilla colombiana luego de 188 días de secuestro.
BOGOTA - "¡Ahora que nadie me ofrezca arroz, lo detesto, no comía otra cosa durante los días que estuve cautivo!", exclama Ignacio de Torquemada, voluntario francés de Médicos Sin Fronteras (MSF), poco después de llegar a Bogotá tras ser liberado el lunes por la guerrilla colombiana luego de 188 días de secuestro. Originario de Aubagne (Bouches-du-Rhone, sur), Torquemada, de 33 años, fue secuestrado el 25 de julio pasado cerca de Santa Cecilia (400 km al oeste de Bogotá) por un grupo armado del Ejército Revolucionario Guevarista (ERG, extrema izquierda) cuando manejaba su vehículo. Seis meses después, los rebeldes, "varios cientos en total", lo dejaron en libertad en la misma región. "Haz tus valijas, puedes partir", le dijeron sus guardias antes de entregarlo a un sacerdote en una carretera. Más delgado, con el cabello despeinado y una sonrisa en los labios, Torquemada devora su cigarrillo y dice no sentirse cansado."Mis guardias eran muchachos de entre 15 y 20 años, buenos chicos que casi no me hablaban. Jamás me explicaron las razones de mi cautivierio. ¿Qué podía yo hacer sino leer cuatro veces seguida la biografía del Che Guevara?", el libro de cabecera de los rebeldes, pregunta el ex rehén. Torquemada pasó los 188 días en la selva, acostado bajo la carpa o en interminables caminatas,"sobre todo en los últimos meses".Su peor recuerdo son los mosquitos. "Creí que me volvía loco, nubes de mosquitos me obligaban a taparme con mantas pese al calor sofocante", recuerda el médico. ¡Pero también el arroz! "Todos los días comía arroz blanco! ¡No quiero volver a verlo!", agrega con humor."Durante los tres primeros meses de mi detención, escribí un diario. Después de 90 días, lo quemé ante los ojos de mis guardias como protesta contra mi encarcelamiento", cuenta. Su otro acto de rebeldía consistió en escribir "Libertad" y "El secuestro es una injusticia" en sus camisas. "Pero pronto un comandante vino a decirme que parara", dice Torquemada. En seis meses, jamás se desesperó. "¡Nunca me creí capaz de tanta capacidad de paciencia!", exclama asombrado antes de tomar el avión para Paris, donde lo espera su familia. El ex rehén cuenta con placer evidente sus días de cautiverio, ahora que se ocupó de saciar su primer deseo: "beber una cerveza".




