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El 2000. un año difícil para Francia en todo sentido

Francia, que comenzó 2000 dolorida por los estragos del "temporal del siglo" y la marea negra del "Erika", lloró en julio la caída del Concorde y acaba el año con un carguero químico hundido ante sus costas y obsesionada por las "vacas locas".

PARIS - Francia, que comenzó 2000 dolorida por los estragos del "temporal del siglo" y la marea negra del "Erika", lloró en julio la caída del Concorde y acaba el año con un carguero químico hundido ante sus costas y obsesionada por las "vacas locas".
Aunque algún aficionado a las tesis "milenaristas" pudo achacar la serie de desgracias al año 2000, lo cierto es que varias se debieron a disfunciones, errores o fraudes, que llevaron a Francia a servirse de su presidencia de turno de la Unión Europea para impulsar acciones en aras de la seguridad marítima y alimentaria.
Así, los ministros de Transportes de los Quince llegaron hoy a un acuerdo para reforzar la seguridad del transporte marítimo y evitar una nueva marea negra como la que hace un año avanzaba hacia la costa atlántica francesa.
La corrosión y un deficiente mantenimiento fueron lo que, según los investigadores, llevaron al petrolero maltés "Erika", cargado con 30.000 toneladas de crudo de TotalFinaElf, a partirse en dos y hundirse en Atlántico a unos 70 kilómetros de la costa bretona.
Un tercio de la carga se derramó. Murieron miles de pájaros y se paralizó la pesca costera mientras la maloliente masa viscosa contaminaba más de 400 kilómetros del litoral, que un ejército de voluntarios pasó incontables horas tratando de limpiar.
Una de las medidas aprobadas por los ministros de la UE fue la responsabilidad financiera que deberán afrontar las sociedades de clasificación naval, como la italiana Rina que certificó al "Erika" y también al carguero italiano "Ievoli Sun", que se hundió ante la costa normanda, con 6.000 toneladas de productos químicos.
Una serie de "fallos materiales" contribuyeron al naufragio del "Ievoli Sun", de doble casco y once años de servicio, que se hundió el 31 de octubre cuando era remolcado en pleno temporal en el Canal de la Mancha tras abrirse en el casco una gran vía de agua.
París también ha insistido en "europeizar" la búsqueda de soluciones para la crisis de las "vacas locas", que en Francia se recrudeció con un caso de presunto fraude en un matadero y obligó a retirar del mercado toneladas de carne de vacuno por temor a la Encefalopatía Espongiforme Bovina (EEB) a mediados de octubre.
A raíz de ese caso se destaparon varios fraudes sobre la alimentación de las reses, en los que quedó en evidencia que animales con EEB pudieron entrar en la cadena alimentaria.
Ante el hundimiento de la venta de carne de vacuno, el Gobierno francés prohibió las harinas cárnicas en los piensos para todo tipo de ganado el pasado 14 de noviembre y, unas semanas después, gracias a la aparición de vacas enfermas en Alemania o España, consiguió que se suspendiera el uso de esas harinas en el conjunto de la UE.
Se han detectado en Francia más de 220 casos de "vacas locas" desde 1991 y más de 140 este año, una progresión que se explica no tanto por la propagación del mal sino por la extensión de los test de detección del temido prion.
Para mantenerse a la vanguardia europea de la lucha contra ese mal llegado de Gran Bretaña y para combatir la psicosis de los consumidores, Francia decidió generalizar las pruebas de detección desde enero próximo, adelantándose seis meses a sus socios de la UE.
Mientras el mal de las "vacas locas" procedió del otro lado del Canal de la Mancha, fue un siniestro cerca de París lo que inmovilizó los Concorde.
El 25 de julio, uno de los "pájaros blancos" de Air France despegó en llamas del aeropuerto parisiense de Roissy-Charles de Gaulle para estrellarse apenas dos minutos después sobre un hotel en Gonesse. Murieron sus 109 ocupantes y cuatro personas en tierra.
Ese accidente, en el que las disfunciones parecen haber ido de la mano con un cúmulo de circunstancias desgraciadas -una lámina metálica en la pista de despegue provocó el reventón de una rueda lo que hizo estallar el depósito de queroseno-, golpeó el orgullo nacional y sesgó el vuelo del avión supersónico.
Aunque fue un estrepitoso fracaso comercial cuando se lanzó hace tres décadas, el Concorde era el orgullo tecnológico de la industria aeronáutica franco-británica.
El siniestro, que inmovilizó en tierra a los 12 aparatos restantes -de British Airways y Air France-, dejó el avión ante un futuro incierto, aunque las autoridades francesas ya planean para febrero vuelos de prueba, tras las modificaciones pertinentes, y esperan vencer las dudas del Reino Unido.
Mucho menos evitables en tanto que catástrofe natural, los estragos del "temporal del siglo" que arrasó a Francia de oeste a este la madrugada del 26 de diciembre de 1999 y la noche del 27, se ven todavía en los bosques diezmados o en los resultados de las aseguradoras, que pagaron 6.860 millones de euros en siniestros.
También en las familias del centenar de víctimas mortales que pasarán esta Navidad recordando a sus seres queridos.

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