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Hillary Clinton hizo historia al ser elegida senadora neoyorquina

La ciudad de Nueva York, siempre generosa con todos los emigrantes, decidió en el año 2000 recibir con los brazos abiertos a una celebridad de lujo: la primera dama Hillary Clinton a la que convirtió en su prestigiosa senadora.



NUEVA YORK .- La ciudad de Nueva York, siempre generosa con todos los emigrantes, decidió en el año 2000 recibir con los brazos abiertos a una celebridad de lujo: la primera dama Hillary Clinton a la que convirtió en su prestigiosa senadora.
La elección, lograda al final por Hillary con una facilidad que casi nadie predecía al principio, es histórica porque representa la primera vez que una primera dama es elegida por votación popular a un cargo público en Estados Unidos y, nada más ni nada menos, que a la Cámara Alta, una de las instituciones más respetadas del país.
Al mismo tiempo, la decisión de las urnas de que un Clinton permanezca en Washington al menos durante seis años más tiene mucho de reivindicación personal para Hillary quien a sus 53 años abandona con ello la sombra de su marido, Bill, que la llevó a la Casa Blanca pero también la humilló con sus aventuras amorosas.
La contienda electoral fue, sin lugar a dudas, la que produjo más morbo (sin tener en cuenta la agonía final que protagonizaron George Bush y Albert Gore con los votos del estado de Florida) al buscar los republicanos convertirla en un referéndum nacional sobre el legado de los Clinton, algo que no consiguieron.
"Gracias desde lo más profundo por haber abierto vuestros corazones y mentes", afirmó Hillary en su discurso de victoria en un hotel de Manhattan para reconocer que era muy afortunada por poder vivir "en el estado más diverso, dinámico y bello de toda la unión".
Según los datos de la Comisión Electoral Federal, los dos candidatos, la demócrata Hillary y el republicano Rick Lazio, se gastaron la friolera de 68,6 millones de dólares, lo que convierte a esos comicios en los más caros de la historia del Senado (Lazio utilizó 39,6 millones y Hillary unos 29 millones).
Nadie discute que Hillary es una mujer de obvia inteligencia, buen verbo e instinto político y casi todos están de acuerdo ahora de que su victoria es en gran parte producto de su trabajo y sus cualidades como candidato.
La primera dama nunca había vivido o trabajado en Nueva York y probablemente era la mujer que más polarizaba al electorado estadounidense, pero poco a poco logró destacar por sus ideas, su personalidad y hasta el sentido del humor, después de recorrerse hasta el pueblo más escondido del estado de Nueva York.
También le ayudó un poco la suerte al tener que abandonar a medio camino por un cáncer repentino el polémico pero temido alcalde de la "gran manzana", Rudolph Giuliani, quien con toda seguridad habría sido un contrincante mucho más complicado que el joven Lazio.
Los analistas como Richard Cohen se han quejado de que la "candidata" Hillary -quizá como la "esposa Hillary"- sigue siendo, a pesar de 15 meses de campaña, un misterio para los neoyorquinos quienes todavía no se creen que de verdad que le importe Nueva York y que este dispuesta a luchar por ellos.
La muestra, apuntan algunos, es que la "primeriza senadora" antes incluso de ponerse a trabajar oficialmente se ha apresurado a vender sus memorias, incluida la promesa de contar sus sentimientos más íntimos respecto a las infidelidades de su marido, por ocho millones de dólares, supuestamente para pagar una casa en Washington.
Las encuestas realizadas a las salidas de los colegios electorales mostraron que la clave de la victoria de Hillary, que logró el 53 por ciento de todos los votos, se debió al casi total apoyo de los hispanos (un 85 por ciento votaron por ella), los negros (91 por ciento) y las mujeres (un 61 por ciento).
La comunidad judía, en elecciones pasadas también demócrata (Clinton logró su respaldo en un 76 por ciento en 1996), le dio de alguna manera la espalda ante las dudas que han surgido sobre su lealtad hacia Israel y sus simpatías hacia los palestinos.
El senador Chuck Schumer, el otro demócrata por el estado de Nueva York, reconoció que Hillary logró la victoria al viejo estilo, es decir con trabajo, dedicación, sin dejar nada a la suerte, y gracias al apoyo sin condiciones de la estructura del partido.
Ciertamente cuando, a medidos de 1999, la primera dama lanzó por primera vez la idea de presentarse ante las urnas, la mayoría de los expertos respondieron con incredulidad y escepticismo por estimar que carecía del conocimiento y el historial necesarios.
Sin embargo, poco a poco, Hillary se compró una vivienda en el estado, se aprendió de memoria los asuntos locales, se volvió fiel aliado de Israel y ganó sin problemas los debates televisivos.
La pregunta que ahora todos se hacen es evidente: ?Se quedará pequeña para Hillary la ciudad de los rascacielos? ?Intentará hacer otra vez historia en el año 2004 y convertirse en la primera mujer que busca ser presidente de Estados Unidos?
Sólo el tiempo tiene la respuesta.

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