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Tribunal Supremo, protagonista inesperado del drama electoral

Mientras en Florida sigue adelante el recuento manual de votos, en Washington el Tribunal Supremo de EEUU se ha convertido inesperadamente en el último protagonista del drama electoral sobre quién será el próximo presidente de la nación.

WASHINGTON.--- Mientras en Florida sigue adelante el recuento manual de votos, en Washington el Tribunal Supremo de EEUU se ha convertido inesperadamente en el último protagonista del drama electoral sobre quién será el próximo presidente de la nación.
La atención también se dirige hoy hacia parte de los votos de los militares estadounidenses que sirven fuera del país y cuyas papeletas no se contaron por carecer de matasellos postal que demostrara que se enviaron, a más tardar, el mismo 7 de noviembre.
Un tribunal del condado de Leon, en Florida, tiene prevista para hoy a las 19.00 GMT una audiencia al respecto.
Hasta el momento, el candidato republicano George W. Bush le lleva al demócrata Albert Gore en Florida una ventaja oficial de 930 votos, que según cómputos extraoficiales se reduce a 590, mientras prosigue el recuento manual de escrutinios en los condados de Broward y Palm Beach.
Bush y Gore se disputan los veinticinco votos electorales de Florida, suficientes como para llevar a cualquiera de los dos a la Casa Blanca.
La intervención del Tribunal Supremo de EEUU ha vuelto ahora casi todas las miradas hacia Washington y sobre todo hacia sus nueve magistrados, presididos por William Rehnquist.
Los analistas jurídicos coinciden en que, de momento, esa intervención sólo garantiza que la disputa electoral sobre quién será el próximo presidente de Estados Unidos se alarga como mínimo una semana más.
También señalan que la primera consecuencia de ello es que se reduce el significado político del plazo impuesto por el Tribunal Supremo de Florida para que los condados entreguen sus nuevos resultados el domingo a las 22.00 GMT a la secretaria de Estado, Katherine Harris, quien puede certificar el ganador de los comicios presidenciales en su estado.
Otro de los puntos en que coinciden es que, sea cual sea la decisión que emitan el próximo primero de diciembre, su impacto será de gran importancia para este país y para el sistema democrático, que por primera vez en su historia se ha visto ante semejante caso.
En los dieciocho días transcurridos desde que los estadounidenses fueron a las urnas ha quedado patente la polarización del país, pues los partidos Demócrata y Republicano han endurecido las posiciones de respaldo hacia sus candidatos.
Por ello, muchos estadounidenses confían en que sea ahora el Tribunal Supremo la instancia que pueda proporcionar al proceso la guía necesaria para acabar con el drama electoral y despejar el camino hacia el relevo presidencial.
Los magistrados de la más alta instancia jurídica de EEUU decidieron el viernes examinar la legalidad de los recuentos manuales de votos en Florida, en respuesta a una de las dos peticiones que le efectuó el equipo legal de Bush.
Los magistrados del Supremo, que trabajan tradicionalmente en el máximo de los secretos, quieren conocer los argumentos de los equipos legales de Bush y Gore sobre si la autorización del Tribunal Supremo de Florida para los recuentos manuales cumple con la ley federal que requiere a los estados decidir los asuntos electorales según las normas legales existentes antes del día de la votación.
En las manos de Rehnquist y los otros ocho magistrados hay una gran responsabilidad, pues están en la posición teórica de decidir si el próximo presidente de Estados Unidos será Al Gore o George W. Bush.
Si deciden que el recuento manual de Florida no siga, las posibilidades de que Gore obtenga los codiciados veinticinco votos electorales quedarán disueltas en el aire. Si apoyan la decisión del Supremo de Florida, la incertidumbre seguirá.
Los expertos legales esperan que, en aras de la unidad del país, el Tribunal Supremo adopte por unanimidad su decisión, sea cual sea, aunque el procedimiento indica que puedan hacerlo por mayoría de cinco.
Robert Torricelli, uno de los senadores demócratas que más han insistido para que Gore no fuera demasiado lejos en la batalla legal, considera que la intervención del Supremo prueba que Gore y Bush se toman el caso con seriedad.
"Es la mejor manera de dar legitimidad a la Presidencia de uno u otro", señaló el senador, en respuesta a quienes creen que, sea quien sea el ganador, su gobierno será difícil y tendrá que hacerse a la idea de que el tradicional período de confianza parlamentario será como una luna de miel de menos de veinticuatro horas.

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