David McFadden: el Nobel es "más de lo que jamás podía soñar"
Si el norteamericano Daniel McFadden hubiese seguido su sueño infantil de ser novelista, no habría sido despertado en la mañana del miércoles por una llamada telefónica de Suecia para anunciarle que era el co-ganador del premio Nobel de Economía 2000.
BERKELEY, EEUU.--- Si el norteamericano Daniel McFadden hubiese seguido su sueño infantil de ser novelista, no habría sido despertado en la mañana del miércoles por una llamada telefónica de Suecia para anunciarle que era el co-ganador del premio Nobel de Economía 2000."Pensaba que mis posibilidades de ganar este premio eran entre escasas y nulas", dijo Daniel McFadden, de 63 años, en una rueda de prensa celebrada en la Universidad de California en Berkeley, donde enseña economía desde 1990."Es sensacional ser impulsado a una posición de tanta prominencia. Esto es mucho más de lo que jamás pude soñar", agregó, antes de dar las gracias a todos los profesores, estudiantes y colegas que han trabajado con él en todas estas décadas dedicadas a la microeconomíaMcFadden comparte el galardón con su compatriota James Heckman "por haber desarrollado teorías y métodos que son ampliamente utilizados en el análisis estadístico del comportamiento de los individuos y de las familias, tanto en ciencias económicas como en otras ciencias humanas".El premio recompensa sus trabajos de creación de modelos económicos para predecir cómo la gente toma "elecciones discrecionales", como por ejemplo ir al trabajo en coche o en autobús o a quién votar en una elección.McFadden ha estudiado cómo y por qué la gente hace elecciones económicas cuando se trata de transporte, de uso de energía o de salud. Esos modelos económicos se usan hoy para decidir dónde construir autopistas, dónde poner estaciones y en qué mercado lanzar un producto."Los modelos se utilizan en todo el mundo", dijo. "Más fuera de Estados Unidos. Miren los países que tienen un buen sistema de transporte y utilizan estos modelos", agregó.El profesor, al que le tocan también la mitad de los alrededor de 916.000 dólares de dotación del premio, indicó que estaba tentado en gastarse el dinero en las viñas que rodean su casa en el valle de Sonoma, cuyo producto es vendido a las bodegas locales.Pero agregó que sería su esposa, Beverlee Tito Simboli, la que probablemente decidiría qué hacer con el dinero."Yo teorizo y ella toma las decisiones importantes, como cómo invertimos para la jubilación", ironizó.




