Los americanos pasan la penúltima estación de Baloncesto Olímpico
Los Estados Unidos cumplieron el guión previsto en el primer asalto por el oro olímpico y accedieron a semifinales para encontrarse de nuevo con Lituania, el rival que más problemas les ha dado en Sydney, después de dejar en la cuneta a la selección rusa, que antes de sucumbir disfrutó de su propia ración de efímera gloria.
Sydney.---85 - Estados Unidos (46+39): Payton (2), Houston (5), Carter (15), Mourning (8), Garnett (16) -cinco inicial-, Kidd (10), Baker (13), Allen (4), McDyess (2), Smith (8), Hardaway (-) y Abdur-Rahim (2).70 - Rusia (41+29): Evgueni Pashutin (7), Zakhar Pashutin (8), Avleev (6), Morgunov (11), Bachminov (12) -cinco inicial-, Kirilenko (11), Fetissov (9), Chikalkin (4), Panov (-) y Bazarevich (2).Arbitros: Rems (SLO) y Degagne (CAN). Excluyeron por personales a Bachminov.Incidencias: encuentro correspondiente a las cuartos de final del torneo olímpico de baloncesto masculino de Sydney 2.000 disputado en el SuperDome ante unos 14.500 espectadores.Comentario:Los Estados Unidos cumplieron el guión previsto en el primer asalto por el oro olímpico y accedieron a semifinales para encontrarse de nuevo con Lituania, el rival que más problemas les ha dado en Sydney, después de dejar en la cuneta a la selección rusa, que antes de sucumbir disfrutó de su propia ración de efímera gloria.La Rusia de Stanislav Eremin abrió la senda de algo que hubiera empequeñecido al equipo que en 1972 acabó con el reinado de los universitarios estadounidenses en Múnich. Las medallas de aquella imborrable final aún permanecen en la capital bávara, custodiadas en una caja de seguridad, en espera de que los norteamericanos, que no aceptaron la derrota, se dignen en recogerlas.En esta ocasión la empresa apuntaba al 'Himalaya' del baloncesto, a la meca del juego de James Naismith, a los únicos baloncestistas del mundo que todavía no conocen la derrota: a los profesionales de la NBA.Y a eso olía el sorprende 2-12 que un triple de Zakhar Pashutin subió al marcador cuando apenas habían transcurrido cinco minutos de juego. Soñar es gratis y, además, no era la primera muestra de debilidad que los estadounidenses han ofrecido en Sydney.Pero las muestras contra los atletas del Tío Sam valen para poco. Rusia jugaba bien. Los chicos de las barras y las estrellas no. En algún momento lo harían y, en cualquier caso, siempre les quedaría la baza del físico demoledor de sus hombres altos o la afinada artillería de algún tirador inspirado.El caso es que los rusos no se arrugaron. Un espectacular mate del maravilloso Andrei Kirilenko, un jugador de seda pura, les animó a insistir en lo imposible (13-21 m.9), pero los cambios en las filas estadounidenses empezaban a surtir efectos secundarios, sobre todo debajo del aro de los europeos.Un parcial de 20-10 igualó el encuentro (22-22 m.10), pero las cosas debían verse poco claras en el banco norteamericano porque Tim Hardaway, en vez de atender al tiempo muerto con sus compañeros, prefería increpar al árbitro esloveno Iztok Rems sin prestar atención a la pizarra de Rudy Tomjanovich.La ruleta de cambios, mucho más limitada en el bando ruso, también contribuyó a que los Estados Unidos lograsen estabilizar una corta diferencia, pero lo que había cambiado el rumbo del partido era el rebote ofensivo, monopolizado por los americanos, que enfilaron el descanso por delante aunque repletos de nervios (46-41).Los dos equipos se enzarzaron en un tumulto de empujones y reproches camino del vestuario. A Carter no le había sentado bien que Zakhar Pashutin chocara con él en la última jugada. La cosa no pasó a mayores porque, entre otras razones, los de un lado y los de otro ya sabían que la guerra sobre el parque estaba acabada.Para los ex soviéticos, la remontada sonaba a locura. Para los estadounidenses, simplemente a broma. Permitirse una derrota, y encima contra Rusia, les habría marcado para siempre, habría manchado su prestigio como jugadores dentro de su propio país y les hubiera puesto en evidencia delante del mundo entero.Por eso, la segunda mitad perteneció al universo del baloncesto de los perritos calientes, las palomitas y los refrescos carbonatados, ese que tan mal encaja en Europa -Rusia- y tanto placer desata en el país de la NBA.




