El novelista Vallejo, amante del idioma y pesimista con desparpajo
El colombiano Fernando Vallejo, cuya novela "La virgen de los sicarios" se convirtió en un filme del francés Barbet Schroeder, estrenado el miércoles en París, asegura que el verdadero protagonista de sus libros es el idioma español, del Siglo de Oro a la jerga de Medellín.
PARIS - El colombiano Fernando Vallejo, cuya novela "La virgen de los sicarios" se convirtió en un filme del francés Barbet Schroeder, estrenado el miércoles en París, asegura que el verdadero protagonista de sus libros es el idioma español, del Siglo de Oro a la jerga de Medellín.Tras el reciente festival de cine de Venecia, donde fue uno de los invitados, Vallejo anda de gira por Francia, reiterando su pesimismo con desparpajo, su falta de ilusiones sobre el mundo en que vivimos y pidiéndole a la humanidad que deje de reproducirse."Hasta que me muera repetiré que el sexo es inocente y la reproducción es criminal. Hay que aprender a distinguir entre las dos cosas. No hay derecho a reproducirse. Es un problema de conciencia", dice en la suite de un lujoso hotel del centro de París."Ahora me está yendo bien, sí, pero eso no cambia nada, sigo sin ilusiones. Soy muy pesimista. No creo mucho en el amor. Con todo lo que he vivido sé que es una ilusión", dice este hombre de 58 años, considerado un cínico y un verdadero blasfemo por sus críticos.En París, Vallejo estaba muy orgulloso de ver en la portada de la última edición de la revista gay parisiense de moda el afiche de la película "La virgen de los sicarios". También sonreía cada vez que veía un cartel en la calle anunciando el estreno.Jamás pensó que su diatriba, su grito de dolor por lo que ocurre en Medellín y Colombia, su "oratorio macabro", como la califica un crítico literario del diario Le Monde, se convirtiera en un filme. Y menos de Barbet Schroeder."Me extrañó que quisieran traducir La Virgen de los Sicarios, jamás me lo esperé, ya que el verdadero protagonista de mis libros es el idioma, sus estructuras, sus resonancias. Tengo un idioma de gran tradición literaria, hablado por 400 millones, el segundo idioma de Occidente", afirma."El cine y la literatura son dos lenguajes distintos, eso lo sabía. En el libro no hay diálogos, sólo habla el narrador. En el guión de la película puse a los personajes a hablar con un lenguaje limitado y con la jerga de Medellín", añade."Yo tengo una guerra declarada a la tercera persona y al narrador omnisciente. Por eso quise hacer un guión para una película en primera persona. El protagonista aparece en todas las secuencias", explica."Barbet Schroeder y yo estuvimos de acuerdo desde un comienzo en que no habría voz off. Otro de los dogmas era una película en presente, sin flash-back", añade. Vallejó estudio cinematografía en Roma y ha realizado tres largometrajes."Yo estaba muy en contra de la música en el cine, pero como los dogmas son para violarlos, descubrí que la música apuntala y aumenta la intensidad de ciertas escenas. La música tiene fuerza infinita, más que las imágenes y las palabras", asegura."Estoy contento con la película, salió como la imaginaba. Para mí es un milagro que Barbet Schroeder la haya hecho allá en Colombia, donde no dejan vivir. Yo pensaba: allá no dejan vivir, cómo van a dejar hacer cine. Pero Barbet es muy cabeciduro, más que mi abuelo", dice."Me gustó mucho volver al cine. Escribí el guión con entusiasmo. Barbet y yo compartimos el espíritu de aventura haciendo esta película. Y una cosa apuesto: si en Colombia dejan que se estrene será la película más taquillera de todos los tiempos", vaticina."Quiero mucho a Colombia, pero de ella espero cualquier atropello. No es un reproche, a mí me ha atropellado toda la vida y me ha obligado a irme", confiesa."Me entretengo haciendo frases, eso es para mí la literatura. Jamás en tercera persona, eso sí. El truco de escribir es oír primero la frase en la cabeza, lograr el ritmo, la musicalidad", dice.Luego habla de sus preferencias literarias: "el verso es para la memoria, para conservar. Ya nadie hace a los poetas el homenaje de recitar sus versos, nadie se sabe de memoria esos versos. También es porque hay por lo menos 200 millones de poetas en el mundo. Hay demasiados poetas", afirma."En la literatura española la lira es la gran estrofa, el verso de Fray Luis de León o San Juan de la Cruz. El soneto es muy artificial, importado además de Italia, aclara."No leo ya literatura, sólo textos de biología y física, aunque me siguen gustando los testimonios, libros como el del cubano Reynaldo Arenas, 'Antes que anochezca', o el del francés Hervé Guibert, sobre el amigo que no le salvó de morir de sida. Prefiero esos textos a los de Borges o a los de Octavio Paz", confiesa.




