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Martina Hingins: el milagro de hacer visibles a los pobres

Martina Hingins madrugó para permitir el milagro de hacer visibles a los 1.200 millones de pobres del planeta.



BOGOTA ---. Martina Hingins madrugó para permitir el milagro de hacer visibles a los 1.200 millones de pobres del planeta.
Por petición expresa, Martina quiso estar alejada del acoso de las cámaras y sin la presión del juego en las canchas más célebres del mundo; la Hingins escuchó y preguntó mientras experimentaba quizá uno de sus retos más grandes, aunque no disputaba la final de un Grand Slam, ni grababa un comercial para uno de sus patrocinadores: hoy actuó como patrocinadora de la voz de los excluidos.
Como Embajadora especial del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), que promueve la campaña mundial 'Unidos contra la pobreza', Martina entendió que la pobreza se derrota respetando plenamente los derechos de las personas, y no sólo los económicos y sociales, sino también aquellos que permiten a los hombres y mujeres alcanzar "niveles de satisfacción humana".
En una sesión de trabajo sobre la situación particular de los niños y niñas colombianos que viven en la calle, en la que también participó la Primera Dama de la Nación, Nhora Puyana de Pastrana, la deportista no pudo ocultar el impacto de un dato estremecedor que recordó el vocero del Pnud, Freddy Justiniano: Cada minuto muere un niño por falta de atención o por falta de oportunidades. Es uno de esos 1.200 millones de pobres que viven en la tierra.
La sesión de trabajo fue intensa, no sólo por la crudeza de las cifras, sino también por las emociones que suscitaron, no pocas veces, expertos, trabajadores sociales o funcionarios vinculados a la muy difícil tarea de erradicar la pobreza y la exclusión.
Martina Hingins parecía estar de acuerdo cuando uno de los participantes dijo que no se trata sólo de proveer asistencia humanitaria sino también de generar condiciones para que los pobres también tengan oportunidad de vivir, de soñar y de construir su propio futuro.
Se le notó especialmente conmovida cuando José Omar Ruíz, consultor de Naciones Unidas, relató que ha aprendido mucho de los niños y niñas de calle porque "aman intensamente la vida a pesar de la fragilidad en la que viven; viven la vida hoy mismo porque su mañana es incierto. Los niños y niñas de la calle --agregó--, cada día estrenan la vida".
Por momentos, la Hingins pareció imaginar cada escena y vivir la fuerza de cada palabra: "Los niños y niñas buscan la calle no sólo por razones económicas y sociales. Muchas veces lo hacen por empobrecimiento emocional, afectivo y comunicativo o salen expulsados por los entornos del barrio o de la familia. !Claro, también buscan la calle porque se sienten convocados por ella!".
No hay datos confiables, pero los expertos estiman que en las calles de las ciudades colombianas viven unas 40.000 personas, de todas las edades, de las cuales unas 15.000 son menores de 18 años, y de éstas, un 80 por ciento son mujeres, si bien "la lógica de la calle es masculina".
El fenómeno no es nuevo: hace 360 años, junto a la Catedral de Bogotá, fue abierta una casa para "mujeres recogidas y niños expuestos"; en 1642 fue creado el 'Real Hospicio'en donde se dio abrigo y comida a esos niños y mujeres que eran llamados "recogidos".
En la reunión se abogó por la restitución de las condiciones que les permitan existir social y políticamente, ser incorporados como grupo de atención preferente en los programas oficiales de desarrollo y dejen de ser vistos con una mirada folclórica.
Es la única manera de apartarlos de la mendicidad, del uso de drogas hasta para calmar el hambre y el frío, y de la soledad social y la falta de sentido de pertenencia "que llevan como una herida en sus cuerpos".
Martina Hingins y los demás supieron hoy que todo es posible con los niños y niñas de la calle porque, a pesar de ser los ciudadanos más vulnerables, resisten a la dureza de la calle con sus risas y sus sueños y también con sus amoríos. "Se enamoran y sueñan con posibilidades de futuro y resisten a la muerte que regularmente encuentran en la calle".
Con el paso de los minutos, Martina Hingins también comprendió que, aunque los niños y niñas de la calle tienen mucho en común en todas partes del mundo, los de Colombia se caracterizan porque viven los impactos de la guerra y del narcotráfico; una guerra que produce desplazamientos forzados y un delito que agrega a la dinámica de suyo violenta de la calle, las características propias del bajo mundo. El narcotráfico ha roto mucha de las dinámicas de supervivencia de la calle.
No se parte de cero. El Estado y los particulares trabajan por ellos y hay resultados, pero aún falta mucho por hacer. Hay experiencias valiosas en prevención, protección y en atención. Hay programas de Hogares y Madres Comunitarias; se programan actividades culturales y temporadas de megaconciertos; se les capacita laboralmente; se les ofrecen programas de internados o de semi internados; algunos publican libros de poesías; otros construyen viviendas; también hay entre ellos buenos artesanos.
Pero el reto es grande: la meta es que sean, de verdad, ciudadanos con plenos deberes y con plenos derechos. A ese milagro ha contribuido hoy, Martina Hingins.

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