Sin acuerdo sobre los transgénicos en Brasil
El debate sobre los alimentos genéticamente modificados (OGM) acaba de comenzar en Brasil: a las decisiones de la justicia prohibiendo la entrada de maíz transgénico procedente de Argentina, contrarias a la posición gubernamental, se suma la opinión de un sector de los académicos, con argumentos a favor.
BRASILIA.--- El debate sobre los alimentos genéticamente modificados (OGM) acaba de comenzar en Brasil: a las decisiones de la justicia prohibiendo la entrada de maíz transgénico procedente de Argentina, contrarias a la posición gubernamental, se suma la opinión de un sector de los académicos, con argumentos a favor.El informe 'Plantas Transgénicas en la Agricultura', elaborado por científicos de las Academias de Ciencias de Brasil, China, Estados Unidos, Reino Unido, India, México y del Tercer Mundo, divulgado este martes en Brasil, no ha hecho más que echar leña al fuego de la polémica, en la que está enfrentada la justicia, el Gobierno, organizaciones no gubernamentales como Greenpeace y ahora los científicos.El último detonante surgió en torno a las 38.000 toneladas de maíz transgénico procedente de Argentina que aguardabaron desde el 21 de junio en Recife (Pernambuco, nordeste) un permiso para ser descargadas, otorgado y denegado por autoridades y justicia sucesivamente. Finalmente, el pasado viernes el Tribunal Superior de Justicia autorizó la descarga."El Gobierno entiende que Brasil no puede quedar al margen de esa tecnología, ni de ninguna otra, que pueda aportar beneficios al país y a sus ciudadanos", señalaron en una nota varios ministros brasileños.Su posición fue apuntalada por un grupo de prestigiosos científicos brasileños, que han colaborado con sus colegas extranjeros en la elaboración del informe, que aprueba la utilización de nuevas técnicas que contribuyan a paliar el hambre en el mundo."La tecnología GM, junto a desarrollos importantes en otras áreas, debería ser utilizada para aumentar la producción de alimentos de primera necesidad, para mejorar la eficacia de la producción, reducir el impacto de la agricultura en el medio ambiente y proporcionar el acceso a alimentos para agricultores de pequeña escala", concluye la comunidad científica en dicho informe.Pero, el profesor de química Etelvino Pechara, miembro de la Academia de Ciencias brasileña, rechaza de plano estos argumentos."El problema de las poblaciones pobres no es la producción de alimentos, sino el acceso", arguyó en declaraciones a la AFP.Y es que mientras no se hayan establecido las implicaciones que tienen los OMG en la salud de los seres humanos o el medio ambiente, la respuesta es clara: "si tengo información, no voy a comprar ningún producto transgénico", dijo Pechara.De la misma opinión es la Sociedad Brasileña para el Progreso de la Ciencia (SBPC) de la Universidad de Brasilia, que a través de una nota pone en duda las pruebas sobre inocuidad de los transgénicos."No se pueden considerar válidos para un cierto ambiente las pruebas hechas en otros. Hay efectos importantes que no ocurren en un medio, pero que pueden manifestarse en otro", señalan.En cuanto a la falta de una legislación que proteja al ciudadano de esta confusión y de los pareceres de los distintos organismos que quieren imponer su opinión, el profesor Pechara asegura que si "no hay respuesta clara es porque en realidad ni el poder legislativo ni el judicial tienen competencia para decidir".Según los autores del informe, uno de los progresos más notables de la tecnología GM, cuyo desarrollo empezó en la década de los 70, ha sido la creación de nuevas variedades de plantas transgénicas, como la soja, el algodón, el tabaco, las patatas y el maíz. Sólo en Estados Unidos se plantaron 28,7 millones de hectáreas en 1999, 6,7 en Argentina, 4 en Canadá y 0,3 en China.




