LA PACIENCIA DE LOS TRABAJADORES RUSOS SIN SUELDO SE AGOTA
"Mi paciencia se agotó, ya no tengo fuerzas para soportarlo, no he recibido ningún salario desde hace dos años", explicó en una carta de despedida antes de inmolarse Vladimir Ribalko, uno de los cientos de miles de trabajadores estatales rusos q...
"Mi paciencia se agotó, ya no tengo fuerzas para soportarlo, no he recibido ningún salario desde hace dos años", explicó en una carta de despedida antes de inmolarse Vladimir Ribalko, uno de los cientos de miles de trabajadores estatales rusos que esperaba el pago de su salario.
El Estado ruso debía hasta el pasado primero de agosto a sus centenares de miles de empleados más de 75,8 millardos de rublos (12,2 millardos de dólares antes de la devaluación). Después de años de paciencia, de promesas incumplidas por el poder y de bolsillos vacíos, "la población está harta", estimó un responsable de la Federación Rusa de sindicatos independientes.
El martes, el presidente de esta Federación, Mijail Chmakov, tenía previsto reunirse con Evgueni Primakov y discutir la cuestión, que se agrava desde hace más de tres años, y que el gobierno considera como tema "prioritario".
Pero para el sindicato, sea cual sea la resolución del encuentro, la gran manifestación nacional prevista el 7 de octubre se mantendrá.
Las medidas "extraordinarias" prometidas por el nuevo primer ministro ruso Evgueni Primakov para pagar lo más rápido posible los salarios y las jubilaciones retrasadas no calmaron el martes a los empleados de las fábricas, minas o centros de investigación que siguen bajo tutela del Estado.
Como casi cada día desde hace meses, manifestaciones y actos de protesta bajo las formas más inhabituales para la población rusa, conocida por su paciencia infinita y su respeto de las autoridades, han estallado en todo el país. Como casi cada día, la gente reclama salarios que no ha visto desde hace lustros.
En la región de Primoria (extremo oriental ruso) los empleados en huelga de hambre de una central térmica tomaron como rehenes a tres responsables que venían dispuestos a negociar con ellos, y afirmaron que no los soltarán hasta que no reciban sus salarios.
No muy lejos, cerca de Jabarosk, en otra central, los trabajadores se negaron a abandonar su lugar de trabajo bajo las mismas condiciones.
En Ulianovsk, en los Urales, son más de 500 los obreros de una fábrica de construcción mecánica los que por segunda vez en una semana manifestaron ante la entrada de la empresa, en su época modelo del complejo militar-industrial ruso, al que el Estado debe 100 millones de rublos.
Incluso en Vorkuta, en el Gran Norte, las mujeres de los mineros bloquearon la carretera que conducía a la mayor mina de Europa, lo que obligó a los trabajadores a pasar a través de la tundra. En julio, esos mineros de Vorgachorskaia ya paralizaron la actividad de la mina durante más de un mes. A su vez tampoco dudaron en secuestrar a sus directivos.
En Moscú, en pleno centro de la capital, 200 mineros y empleados del Estado acampan desde hace más de tres meses ante la sede del gobierno ruso.
Para el sociólogo Leonid Gordon, el gobierno debe solucionar esa cuestión lo más rápidamente posible y "al precio que sea". Si no, puede llegar lo peor: "la anarquía total y la destrucción de las bases de la sociedad"




