PELIGRO DE EPIDEMIAS TRAS MAREMOTO DE PAPUA-NUEVA GUINEA
Los agotados socorristas luchaban el miércoles contra el tiempo para sepultar o incinerar a cientos de cadáveres en descomposición y prevenir enfermedades después del maremoto que devastó áreas del noroeste de Papúa-Nueva Guinea. <BR>La cifr...
Los agotados socorristas luchaban el miércoles contra el tiempo para sepultar o incinerar a cientos de cadáveres en descomposición y prevenir enfermedades después del maremoto que devastó áreas del noroeste de Papúa-Nueva Guinea.
La cifra oficial de muertos es de 1.600, pero los socorristas calculan que podría aumentar hasta 3.000 porque miles de personas aún siguen desaparecidos en las aldeas arrasadas el viernes por la noche por tres inmensas olas.
"Aún hay cientos de cadáveres para enterrar que flotan en la laguna. Es una carrera contra el tiempo para prevenir epidemias", dijo a Reuters el miércoles el portavoz de la Iglesia Católica en Aitape, John Moipu.
Agregó que "los agotados socorristas tratan de cumplir con la inmensa tarea de limpiar la laguna de cadáveres disponer, lo cual está lejos de cumplirse y el peligro de un brote epidémico es a cada momento más crucial".
Muchos sobrevivientes sufren infecciones graves y en algunos casos ha sido necesario amputar extremidades por problemas de gangrena, dijeron los trabajadores humanitarios.
En algunos hospitales se agotaban los suministros médicos.
"Por ahora tenemos medicamentos para dos días y hemos pedido a las autoridades que nos envíen drogas esenciales para copar con el flujo de pacientes", dijo la doctora Linda Tamsen al periódico The National en el hospital de Wewak.
El ejército de Papúa-Nueva Guinea también sepultaba cadáveres en sepulcros colectivos o los incineraba.
La playa de la laguna de Sissano, que soportó la mayor fuerza del maremoto, se ha convertido en un extenso cementerio y la propia laguna está contaminada con los despojos humanos.
"Tratan de recuperar los cadáveres con redes de pesca", dijo el sacerdote católico Jim Croucher.
Nuevas embarcaciones fueron enviadas el miércoles al área del desastre para ayudar en la recuperación de los cadáveres, dijeron los socorristas.
El personal médico consideraba que la mayoría de los heridos habían sido sacados de la zona, pero muchos recibían ahora la atención médica, cinco días después del maremoto.
Los pacientes abarrotaban los centros de atención médica en la costa de Sissano y mucEN < hos permanecían sentados en la tierra, aún conmocionados, esperando por su turno.
Todos mostraban las huellas del terror: rostros hinchados, extremidades fracturadas, labios partidos y heridas profundas. Muchos de los sobrevivientes contrajeron pneumonía después de pasar horas en agua salada o resultar infectados por enfermedades tropicales, como la malaria.
Muchos de las víctimas fueron niños demasiado pequeños para luchar contra las murallas de agua, calculadas en 10 metros de altura. También muchos de los menores que sobrevivieron quedaron huérfanos y se les observa sentados solos por los alrededores.
"Hay pocos, pero muy pocos niños entre los sobrevivientes que hemos rescatado", dijo Croucher.
Una gran cantidad de residentes de la zona, cuya población se calculaba entre 6.000 y 10.000 personas antes de la catástrofe, se refugiaron en las montañas cercanas a Sissano y permanecen allí escondidos, porque temen a un nuevo maremoto




