EDITORIAL

¿Cuál es su pecado?

El mundo está lleno de pecados… veniales y mortales. De hecho, la Iglesia llega tarde a la declaración del pecado ecológico

Cuando usted oye las palabras “pecado” o “milagro” estar tentado a creer que hablamos de religión… “tentado” a “creer”, otras dos palabras de cierta connotación religiosa. Muy posiblemente el origen de estas palabras se encuentre en los terrenos de la fe, pero el uso del idioma las ha llevado a otros terrenos de la lengua.

“Milagro”, por ejemplo, además de ser el hecho inexplicable bajo la lupa de las leyes naturales y que se atribuye a una intervención sobrenatural, es “un suceso o cosa rara, extraordinaria y maravillosa”. Y “pecado” es la “transgresión consciente de un precepto religioso”, pero, además, una “cosa que se aparta de lo recto y justo, o que falta a lo que es debido” y, también, un “exceso o defecto en cualquier aspecto”.

Por eso cuando el Papa habla de nuevos pecados que la Iglesia contempla, como el pecado ecológico, hay que entender el sentido religioso, pero eso no nos priva de las implicaciones laicas. Ejemplos, todos los que ustedes quieran, pero me permito citar unos de, como dicen, palpitante actualidad:

Es un pecado gastarse los recursos de una universidad pública en fiestas y relaciones sexuales pagas.

Es un pecado la destrucción de bienes públicos, como las estaciones de sistemas de transporte masivo que nos sirven a todos.

Es un pecado detonar explosivos de fabricación casera en lugares donde hay personas presentes.

Es un pecado que los magistrados de la Corte Suprema de Justicia no se pongan de acuerdo para llenar las vacantes que tienen y se desatienda la efectividad de la administración de justicia.

Es un pecado que, a estas alturas, los habitantes de Bojayá sigan temiendo por sus vidas.

El mundo está lleno de pecados… veniales y mortales. De hecho, la Iglesia llega tarde a la declaración del pecado ecológico. El ecocidio es neologismo ya reconocido por la Real Academia Española, y desde los 70 se insiste en su importancia y en las penas, penitencias diría Francisco, para quienes lo cometen.

Este podría ser el más funesto de los pecados, porque el ecocidio, practicado masivamente, nos llevará a la extinción. Y en ese camino vamos con paso bien firme.

 

 

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