EDITORIAL

Indefensable

A las FFMM cada tanto hay que podarlas, como hace el jardinero con algunos arbustos.

Se cerró anoche un capítulo agitado de nuestra realidad política, el del ministerio de Guillermo Botero, cuya defensa, siendo ministro de Defensa, cada vez fue más difícil para un gobierno que apreciaba su gestión, pero terminó entendiendo que todo tiene su principio y su final.

Quisiera solo, en medio de las aguas agitadas, anotar algunas ideas sueltas para entender lo que pasó y, más importante aún, lo que debería pasar.

Está gastada la fórmula del ministro de Defensa empresario. Por lo pronto, el de Luis Carlos Villegas pudo haber sido el último escenario de ese tipo que, mal que bien, funcionó. Pero Botero, a quien muchos definieron como un hombre bueno en el lugar equivocado, ha cerrado esa puerta.

A las FFMM cada tanto hay que podarlas, como hace el jardinero con algunos arbustos. Y no esperar episodios de corrupción o mala gestión. Las podas hacen que se muevan las estructuras, que se erradiquen las roscas y, sobre todo, que asciendan jóvenes oficiales y renueven las sangres. El próximo ministro y el presidente deben entender que ese es un aspecto clave y natural en nuestras fuerzas.

Ese ministro debe abrir el ojo: buena parte de lo que pasa en el Ejército se debe al enfrentamiento de por lo menos tres facciones que se disputan el poder. Y van a seguir haciéndose daño.

Los generales tienen que sintonizarse con el nuevo ministro. La información no le llegaba a Botero, se le ocultaban las cosas y se le vendían versiones decoradas de la realidad que no solamente le hacían daño a él sino al Presidente.

Por eso, como anotaba Félix de Bedout, ese ministro debe ser “un jefe que acompañe y respalde a sus hombres, pero capaz de ponerles freno. No puede ser encubridor de crímenes, no puede ocultar la muerte de niños. La autoridad y mando no es complicidad”.

Ese ministro debe entender que tiene la responsabilidad del ejercicio de autoridad en las fuerzas, pero que debe estar en sintonía con el país real, con la gente. Es, a fin de cuentas, un servidor público. Atender a la gente y tratarla con educación y respeto, sin terquedades y posturas agresivas, es su deber. Se trata de atender, no de desatender.

Tenemos un ministro encargado. Es una salida válida, aunque viendo cómo estaban las cosas uno hubiéramos esperado que el gobierno tuviera un plan B de primer nivel, pero no.

Al presidente, serenidad y tino para darnos a los colombianos un ministro de Defensa que cumpla su deber a cabalidad.

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