EDITORIAL

Marche, pero para adelante

Somos una nación que algún día tendrá que entender que se avanza hacia adelante y no empujado hacia la derecha o la izquierda.

La marcha del 21 es un escenario ideal para confirmar una de nuestras vocaciones como nación: nunca lograr consensos. No hay nada en que podamos estar siquiera medianamente de acuerdo. Nada, absolutamente nada.

Hasta un marciano recién aterrizado en el desierto de la Tatacoa entendería en cuestión de horas que hay cosas evidentes en las que todos deberíamos remar para el mismo lado, como la paz.

Como ustedes no son marcianos, no tengo que explicarles que la paz no nos ha unido, que la paz nos ha enfrascado en otro tipo de enfrentamientos por su firma y su implementación, que con la paz vino una posguerra que difícilmente vamos a superar.

La marcha también nos separa. He revisado con juico este fin de semana la postura de columnistas, tuiteros, influencers, youtubers, líderes de opinión y otras criaturas de esta pecera de palabras en que nos ahogamos a diario. Y están en guerra: la guerra por la marcha.

Que hay que marchar, que no hay que marchar; que quienes marchan ejercen un derecho; que quienes no marchan son cobardes. Que marchan los mamertos, que hay que marchar por el capitalismo.

Que la marcha es el comienzo del fin castrochavista, que la marcha es sublime expresión de malestar. Que contra la reforma laboral, que por la pensional, que por la tributaria, aunque aún no existan; que por la salud, que por la educación, que por el agro, que por la seguridad, que porque nos están matando, que por el regreso delos falsos positivos… en fin: que para tumbar a Duque y, de paso, tumbar a Uribe. O que para apuntalar a Duque y de paso a Uribe.

Esa es nuestra gran tragedia nacional: no existir como nación de ideales comunes. Una fatalidad que disimulamos siempre diciendo que somos un arcoíris de ideas y que lo lindo de Colombia es que hay infinidad de posiciones y tendencias.

No, no es así: somos una patria desordenada, desbarajustada y enredada. Una nación que algún día tendrá que entender que se avanza hacia adelante y no empujado hacia la derecha o la izquierda.

Esperemos que la marcha del 21 no tire hacia los lados y nos lleve a todos, en ejercicio de un derecho que debe ser pacífico, hacia adelante.

 

 

 

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