EDITORIAL

Tomémonos con respeto

No hay futuro sin respeto y en este país no habrá cómo salir del atolladero mientras persistamos en desconocernos en nuestras diferencias.

“Tómesela suave”, dice uno a veces cuando le recomienda a alguien no asumir las cosas tan en serio, no sobredimensionar un hecho de la vida cotidiana. Incluso creo que en alguna época fue un portal con el que la administración de Florencia, Caquetá, invitaba a los florencianos, a los florentinos, a enfrentar la vida con alegría y buena onda.

Desde anoche estoy viendo una muy bella campaña de Postobón que se inscribe en esos parámetros y en la que sobresale la cantante venezolana Reymar Perdomo, que ha dado, como muchos de sus compatriotas, una batalla ejemplar contra la adversidad que azota a su país.

La idea es que la mejor manera de tomarse la vida es con respeto. La campaña, que habría podido ser de las bondades comerciales de las bebidas, nos invita a un ejercicio muy sencillo: ponernos en los zapatos del otro y respetar las diferencias.

Si usted fuera venezolano, ¿le gustaría que en las calles de las ciudades colombianas lo miraran con desconfianza?

Si usted fuera judío, ¿qué sentiría cuando en medios hablan de alguien desleal diciendo que “le hizo la judía” al otro?

Si usted fuera pereirana, ¿qué pensaría de los chistes de mal gusto sobre su honra y la de su mamá y la de sus hermanas?

Si usted fuera un tuitero que defiende la gestión de Gustavo Petro, ¿qué experimentaría cuando le contestan que usted trabaja en una bodega y es un prepago virtual?

Si usted fuera sacerdote de sotana, ¿qué sucedería si en un sitio público alguien le pasara cuenta de cobro por la pederastia de una minoría?

Si usted fuera una persona de derecha que votó por los candidatos del Centro Democrático, ¿cómo se pondría si alguien le dijera que es un ‘paraco’?

Si usted fuera un ingeniero pulcro que contrata con el Estado y cumple, ¿qué se le pasaría por la mente cada vez que oye que la palabra contratista se usa como sinónimo de pícaro?

Esta campaña es publicitaria, y ojalá cale, y tenga éxito, porque si se logra que nos ponga por un momento a pensar en que no hay futuro sin respeto y que en este país no habrá cómo salir del atolladero mientras persistamos en desconocernos en nuestras diferencias y tratarnos con dureza… si lo logra, digo, tendrá un incalculable valor.

 

 

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