Chris Mosquera en Una Serenata al Oído
El cantante paipano, quien abrió el concierto de Fito Páez en Bogotá, cantó en La Radio en Otro Tono y nos habló de su último sencillo.

Chris Mosquera en Una Serenata al Oído
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Bogotá
La noche en la que abrí el concierto de Fito Páez.

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Por: Chris Mosquera
Tw: @chris_mosquera

Caracol Radio

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Las siete p.m. llegaron a mí con la precisión de una cita ineludible. Yo cumplía ya veintidós horas de vigilia, tratando de responderme a una pregunta que me asaltó la noche anterior, cuando a través de una llamada en cuyos detalles no quiero profundizar, me explicaron que al escenario del Palacio de los Deportes, junto a Fito Páez, frente a 3.000 personas, solo podría subirme con mi guitarra y mi voz. Tuvimos que dejar de lado un show en el que trabajamos decenas de horas y empezar de cero.
La pregunta era: ¿Por qué estoy haciendo esto?
Caminé el larguísimo, el casi inagotable túnel hacia el escenario y me sentí solo por primera vez en muchos años: no ha habido una presentación en la que Gus Páez y Yezid Barbosa, hermanos de la vida y de la música, no me acompañen, desde finales de 2013. Y la amistad es mucho más vieja.
Subí al escenario, miré a los ingenieros, al staff, vi hacia la gran masa de gente y sentí que había que dejarlo todo atrás. Todo menos la pregunta aquella, que seguía repicando. Empuñé la guitarra con un Mi mayor abierto y empecé a moverme de lado a lado de la tarima, para dejar los nervios. Luego de unos compases, empecé a cantar Periferia y solté una frase que recuerdo como el momento en el que logré conectarme con el público:

Caracol Radio

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-Esta noche y por un breve tiempo, ustedes son mi banda y yo, su músico-, dije.
Canté una buena parte de Periferia sin la guitarra, acompañado con las palmas del público. De alguna forma era mi respuesta a quienes pensaron que no podría hacerlo sin una banda. La gente comenzó a responder con entusiasmo ¿Lo estaba logrando? Terminé la canción y la conecté con El Silencio. Al final, improvisé una coda en la que la gente pudiera cantar también. Finalmente, las tres mil personas, o las más de ellas, parecían haberse conectado del todo con mis canciones de bolsillo.
No quise dejar que el buen momento se apagara y por eso, me atreví a hablar con poco con la gente. Cuánto me gustas es una canción para dedicar, así que los invité a hacerlo, con uno que otro chiste de por medio. Al final de la canción, la gente coreaba el coro, que es muy sencillo y fácil de acompañar.
Terminé con una canción, Beauty, que es un homenaje a los amores que dolieron y pensé un poco en los amigos que estuvieron detrás de la tarima, los músicos que suelen acompañarme en una y mil batallas y que seguían allí, infiltrados en el público, cantando conmigo. Me refiero a los ya mencionados Gustavo Paéz y Yezid Barbosa, pero también a Paola Jaramillo, Sebastián Gaitán, Ángela Pico, y Gustavo Barrera. Me imaginé a la banda completa y encontré la respuesta a la pregunta aquella, que me atormenta desde que decidí un día dejar las salas de redacción y asumir un destino ajeno en la música, como una suerte de Don Quijote paipano:
¿Por qué estoy haciendo esto? ¿Por qué estoy cantando aquí?
- Por y para los amigos. Para ellos mi canción.




