Rompiendo gente; matando libros
Leer impide que vuelen las flechas antes de que las lenguas sean las que se junten con el aire.

Rompiendo gente; matando libros
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Por Gustavo Gómez Córdoba“Quien empieza rompiendo libros, termina matando gente”, dijo con una astucia nada sorprendente en él, Mario Vargas Llosa, frente al espectáculo de un energúmeno destrozando un libro frente al auditorio que lo acompañaba en su charla con Juan Gabriel Vásquez durante la Feria del Libro. “Quien empieza rompiendo un libro, termina matando gente”… una frase que para muchos podría desembocar en nada diferente a un juego de palabras bien inflado por la presión del momento, pero que a mí me resulta perfectamente anclada en la realidad
Lo digo porque leer no es leer. Leer es oír. Leer es oír razones
Leer permite a los creyentes entender a los escépticos y a los escépticos confiar en la inteligencia de los que sobreponen la fe a la comprobación científica
Leer consigue que la derecha entienda que en este mundo también caben los zurdos de ideas. Y garantiza que haya buena vista de ambos extremos desde el centro
Leer les enseña a los de la camiseta roja lo respetable que es pasearse por los estadios con una de color azul, que por ningún motivo debe teñirse sangre
Leer, literalmente tendidos sobre la hierba, les permite a los vegetarianos saborear el derecho de los demás a meter carne ajena en la propia carne
Leer recuerda a los amigos de solucionar las cosas con plomo un hecho fundamental: hasta para comprar balas hay que, primero, disparar palabras
Leer transforma al enemigo en contradictor. Leer convierte al extranjero en grato visitante. Leer logra que graduemos de útiles fenómenos de contracultura a quienes veíamos como heraldos de generaciones perdidas. Leer impide que vuelen las flechas antes de que las lenguas sean las que se junten con el aire. Leer ablanda la terquedad, fortalece la tolerancia y amansa a las fieras de la selva oscura
Leer genera uniones, cuando más debates educados, pero “matrimonios”, al fin y al cabo, entre personas que no se conocen o se habrían matado de haberse podido reunir. El escenario del papel, de la tinta y de las pantallas y dispositivos que permiten la lectura, es el único donde florecen las verdaderas construcciones de una sociedad. El mundo no se construye con cemento. El mundo está hecho de palabras que, una y otra vez, han demostrado lo efectivas que son para derribar muros o penetrar todo lo que el cemento puede levantarse para separar a los hombres
Por eso, mucha razón le asiste a Vargas Llosa cuando dice que “quien empieza rompiendo libros, termina matando gente”. Sobre todo si no perdemos de vista un hecho fundamental, y es que toda la gente que en este mundo ha existido se mantiene viva en la única parte en que cabemos todos: un libro.




