La película de la revocatoria
Unas cuantas preguntas sobre un guión político que comienza a hartarnos a los colombianos.

La película de la revocatoria
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Por Gustavo Gómez CórdobaConfieso que he ido perfeccionando un vicio secreto que me hubiera sido imposible de revelar hace un par de décadas… No, no es ese vicio secreto… es otro. Gracias a la televisión por cable y a otros servicios que ofrecen películas a cambio de un módico pago, he ido perfeccionando la vergonzosa técnica de abandonar las películas a los pocos minutos de comenzar a verlas
Este fin de semana no más, dejé empezada “El último hombre”, un remake de Kurosawa protagonizado por Bruce Willis; el bodrio de “Terror en Chernobyl”; un hueso impresionante, “Snitch”, con La Roca; y una película que debe ser excelente, “NO”. Es la historia de la campaña por el NO en el plebiscito de Pinochet, y no dudo de su calidad, entre otras porque la protagoniza Gael García, está inspirada en una obra de teatro inédita de Antonio Skármeta y fue la primera película chilena nominada a Mejor Extranjera en los Oscar
¿Por qué dejé de verla? Simple: porque no la entendí. Mejor dicho: no entendí la vocalización de los parlamentos. Y supongo que algo similar les sucederá a los chilenos si ven, por ejemplo, “Rodrigo D No futuro” sin subtítulos: se perderían en los diálogos. Sencillamente no pude con la vocalización chilena y esperaré a que la ofrezca Netflix para disfrutarla subtitulada
Ya en el terreno de las confesiones y la consulta de la voluntad popular, confieso que la película de la revocatoria del alcalde Gustavo Petro está a punto de superar mi paciencia de espectador. Y lo digo porque hay cosas que sinceramente no entiendo. Les comparto un puñado:¿Por qué el Procurador nos metió a todos en la vaca loca de acabar con la carrera política de Gustavo Petro, quien manejó con las patas el asunto de las basuras, cierto, pero recibe ahora un trato de delincuente cuando en realidad volvió de la ilegalidad al ruedo democrático?¿Por qué Gustavo Petro, aparte de recurrir a toda la artillería jurídica que ofrece nuestra legislación, y tiene todo el derecho de hacerlo, sazona su defensa con frases que ponen a pensar a muchos en que se cree blindado frente a la Constitución y a las decisiones de las autoridades?¿Por qué nos desgastamos con ese proceso de revocatoria en urnas al que seguramente no llegaremos, pues es claro que el Procurador se ratificará como segunda instancia de sus propias decisiones y el Registrador ha dicho que si eso sucede no hay sustento legal para que lleguemos a la consulta?¿Por qué se nos vende la idea de que quienes estemos descontentos con las decisiones teológico-jurídicas del Procurador debemos correr a apoyar a Petro, aun si estamos convencidos de que no ha sido un burgomaestre brillante?¿Por qué pareciera que las cabezas de los entes de control y de justicia aprovechan el caso Petro para demostrarse sus malquerencias, afilar soberbias y zaherir a los funcionarios con los que han tenido vergonzosas diferencias en el pasado reciente?¿Qué tiene de malo, como planteó hace unas semanas Cecilia Orozco, que haya cuentas claras sobre la financiación de las protestas petristas, con desplazamientos desde otras regiones?Tengo más dudas, pero no más tiempo. Y creo, eso sí, que la situación jurídica de Gustavo Petro debe definirse de manera legal y expedita, para bien de Bogotá y del propio Petro a quien, repito, le asiste todo el derecho de defender los derechos que considera vulnerados. Es su vida, y quién si no uno mismo para salvaguardar la vida propia
Preparémonos para lo que viene, que es, a menos que el Procurador nos sorprenda, como lo hizo con sus decisiones antes del puente de Reyes, una dura campaña pública por el NO, el SÍ o la Abstención… por lo pronto, prometo intentar meterle el hombro de nuevo a “No”, la película chilena que nos empapa de ese plebiscito chileno que, resumiendo, terminó con la caída del gobernante de turno.




