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Un desastre inevitable (Pena Máxima II) *por El Magazín del Espectador.com

La primera convocatoria de 1994 la hicieron Maturana y Gómez en enero y los primeros entrenamientos se realizaron en el Club de Bavaria, al norte de Bogotá.

Un desastre inevitable (Pena Máxima II) *por El Magazín del Espectador.com

Fernando Araújo VélezFrancisco Maturana, Hernán Darío Gómez y Juan José Bellini marcaron los lineamientos iniciales de lo que sería la preparación del equipo para llegar en 10 puntos al Mundial de Estados Unidos

Derroteros generales, porque de lo que se acordó en aquella reunión quedó muy poco. Diversos intereses y personajes incidieron para que el proceso se transformara. El manual del fútbol, la lógica del fútbol, quedaron relegados. Dicen los entendidos, los estudiosos, que toda preparación para una competencia importante debe iniciarse con rivales débiles, pues el ritmo se debe adquirir lentamente. Que en la segunda parte debe subir el nivel de esos contrincantes, pues ya el equipo, supuestamente, está en su máximo nivel. Y que, al final, debe retomarse a los rivales livianos para evitar lesiones de consideración y que una eventual derrota perjudique la moral de los futbolistas

Esa es la teoría, por la cual, además, se han regido todos los últimos campeones del mundo. Es claro, también, que el plan de preparación tiene que series de utilidad al técnico y a los jugadores. A nadie más. Sin embargo, ninguna de es tas premisas se cumplió en el caso de Colombia porque muchos metieron la mano y porque la prensa y la afición no entendieron lo que son los juegos de fogueo. Se pretendió sumar cuando no había nada que sumar. A la Selección la presionaron antes del Mundial. Se suponía que no podía perder, siquiera, los juegos de entrenamiento. En general, esos encuentros se tomaron como si fueran de alta competencia

El primero de esos partidos fue en Barinas, ante Venezuela. Colombia ganó 2-l (goles de Valenciano y Tréllez). Un resultado lógico. Sin embargo, las críticas se iniciaron desde ese momento. Que Valderrama está muy lento, que la defensa aún no trabaja armónicamente, que Harold Lozano tiene que estar desde el comienzo, que Víctor Aristizábal es un invento de los técnicos, que Barrabás Gómez no puede estar en la Selección Colombia … Desde el primer partido la prensa mostró esa tendencia que la acompañaría durante todo el año: crítica o elogio, nunca un matiz

Entre tanto, la presión aumentaba. Ya era casi una obligación obtener la Copa del Mundo. Los comentarios que llegaban desde el exterior alimentaban la vanidad. César Luis Menotti dijo que Colombia era una de sus favoritas en el Mundial. Algo similar comentaron Arrigo Sacchi y Johan Cruyff. Titulares a seis columnas con esas declaraciones. Pero ni Cruyff ni Sacchi conocen Colombia; Menotti vino tres días en 1979. Por eso no pueden conocer la realidad colombiana, la manera de pensar de sus habitantes, la cultura, la historia. En aquel entonces hablaron de lo técnico y de lo táctico. Y tenían razón: por esos dos aspectos Colombia podía llegar a la final de USA-94

Una semana después del partido en Barinas, Colombia viajó hacia Arabia Saudita a enfrentar al equipo de aquel país, clasificado al Mundial y dirigido por el holandés Leo Beenhaker, ex técnico del Real Madrid. Una buena oportunidad para conocer un mundo diferente y un fútbol por el que nadie apostaba. Colombia jugó bien los dos partidos ante Arabia, el 6 y 9 de febrero: empató el primero 1-1 y ganó el segundo 1-0. No obstante, ya empezaba a presentarse un problema: Oscar Córdoba era la gran estrella del equipo. Cuando el arquero de un onceno se convierte en figura es porque el rival llegó con mucha frecuencia y peligrosidad a su arco

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