Morir por una camiseta
Por una camiseta de fútbol se pierde la vida en Colombia.

Morir por una camiseta
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Por Gustavo Gómez CórdobaComo la mayoría de adolescentes de los ochenta, tuve amoríos profundos con la única prenda que le compite en informalidad a los jeans: la camiseta
Y en razón de que nunca he sido, por cuestiones de rinitis y pie plano, un fanático del fútbol, usé camisetas con motivos nada deportivos… antes de que la animosidad de mi abdomen objetara mis relaciones con las camisetas, usé camisetas de los Beatles y nunca me apuñaló un admirador de los Rolling Stones, usé camisetas de Viaje a las Estrellas y nunca me apuñaló ningún seguidor de la Guerra de las Galaxias, use camisetas de Batman y nunca me apuñaló ningún fan de Supermán… y tuve amigos que usaron camisetas de sus equipos y a ninguno lo apuñaló un hincha de otro equipo. En los ochenta éramos así: nos apuñalábamos por muchas cosas, injustificables todas ellas, pero casi nunca por una camiseta
Hoy, cuando mis hijos insisten en que les compre sus camisetas del Santa Fe, que llegaron a casa de la mano de Daniel Samper Ospina, o del Barcelona, que entraron vía sus abuelos y César Augusto Londoño, le pido al Cielo algo que en estos días es un lujo: que no maten a Francisco y a Gustavo por una camiseta de fútbol
Un país en el que los asesinos se moldean en los estadios es un país enfermo. Un país en el que un padre, como sucedió con Pedro Contreras en Engativa, muere defendiendo a su hijo de unos hinchas enloquecidos, es un país enfermo. Un país en el que fanáticos del Cali asesinan a Óscar Sandino por ser de Millonarios es un país enfermo. Un país en el que un seguidor del Chicó, como lo era Sebastián Jiménez, muere a manos de otros jóvenes del Patriotas, es un país enfermo… en fin, un país en el que, como sucedió ayer, en medio de una batalla campal entre embajadores y y verdolagas, muere un muchacho de 19 años, Carlos Andrés Medellín, es un país enfermo. Pero muy enfermo, porque cuando hasta lo que nos hace felices nos mata, estamos muy enfermos y graves, y, asústense, estamos enfermos y graves en un país en el que, además, no funciona el sistema de salud. Y se nos está enfermando el alma, y no hay EPS que cubra un tratamiento para esa sustancia intangible… no sé si el alma exista, pero a veces dudo de que aquí la practiquemos con juicio.




