Opinión

Haz de luces

Columna de Rafael Vergara Navarro

Somos luz que refracta y luz que emana, luces y lucecitas que iluminan los caminos que transitamos.

Unas son más intensas y atraen, congregan, son los líderes y lideresas en todos los ámbitos. Dice Galeano, que si uno se les acerca se enciende; son guías en la siembra y la vendimia, también lo son al enfrentar el desastre impensado, la tormenta o la lluvia provocada. No son fáciles de apagar, conducen o crean con presentes comprometidos cargados del ayer y con utopías a alcanzar, son seres predestinados a enfrentar, guiar, orientar, solucionar.

Si se apagan de tanto dar o los violentan, preservados del olvido, para dolor de los verdugos, por su obra siguen iluminándonos; no se agotan, caminan en uno, otro u otra. Brecht hablaba de los imprescindibles, los que como el Mio Cid batallando vencen la muerte, su luz emana, va con uno. Estamos hechos de los demás, de quienes nos anteceden y los que comparten esta victoria sobre la nada que es la vida, los que edifican, descontaminan y siembran.

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Es vital en este tiempo recordar los ausentes y valorar los que están en la primera línea, ejemplo la Comisión de la Verdad que, con su rescate de la memoria, permite enterrar odios y dar amor y cobijo a las lucecitas con crueldad extinguidas.

Al respecto valga recordar que abril, el mes de la danza maíz tierno para los Incas, es para los demócratas de este lado una primavera a la inversa. El 9 de abril del 1948 extinguieron la luz de Jorge Eliécer Gaitán y el crimen, su dolor y la indignación, avivaron la hoguera que aún no terminamos de apagar; el 18 abril de 1988 asesinaron al defensor de los Derechos Humanos, Eduardo Umaña; el 19 de abril de 1970, frustraron al pueblo robándole las elecciones.

Carlos Pizarro, líder del movimiento que reivindicó el derecho violado, lo matan en un avión en vuelo el 26 de 1990, 46 días después de firmar la paz. Los tres son “asesinados sin asesinos”, como dice Caballero. Jaime Bateman, fundador del EME, desaparece cruzando para Panamá al caer su avioneta de pedal en la selva del Darién y ya nunca sabremos si lo tumbó una nimbus o algún fuego salido de una base gringa en el Canal de Panamá.

Celebrando sus vidas en este tiempo de pandemia, tiempo de reflexión, grandeza y buena fe, luces de distinta intensidad identifican a quienes con amor y sacrificio luchan por el bien común, poniendo a riesgo sus vidas y la de los suyos. Su luz permite identificar la oscuridad de quienes como hienas se ahogan en su hiel. La ambición y mala fe los ciega. No entienden que al superar el Covid ni Colombia ni Cartagena serán las mismas. ¡Ya no lo es! Tenemos gobierno. La unidad en la diversidad es un haz de luces y la muralla.

 

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