Los dos Belisarios
Columna de opinión de Rafael Vergara Navarro

(Caracol Radio)

Cartagena de Indias
“La paz es nacional” no solo liberal fue el lema de campaña y del gobierno de Belisario Betancur (1982-86) cuando en su tercer intento venció el intento de reelección de López Michelsen. Colombia se gobernaba bajo estado de sitio permanente y como réplica a las múltiples dictaduras militares en el continente, el saliente presidente Turbay Ayala (1978-82) impuso un Estatuto de Seguridad que institucionalizó un cruento gobierno cívico militar de derecha.
Hereda Betancur un estado bicéfalo: sin presunción de inocencia, con muertos, desaparecidos, torturas y las cárceles llenas de presos políticos; un país militarizado y un vigoroso movimiento pluripartidista de defensa de los Derechos Humanos, liderado por el excanciller Vázquez Carrizosa. Igualmente con una insurgencia múltiple, presentes en la política y con una propuesta que hizo el M-19 que exigía para negociar la paz, levantamiento del estado de Sitio, derogatoria del estatuto de Seguridad, amnistía amplia, general e incondicional y un Diálogo Nacional con todos los actores.
Inolvidable y esperanzador cuando Belisario el humanista, alzó su voz ante el mundo y el pueblo que además llenaba la plaza de Bolívar: “Levanto la bandera blanca de la Paz (…) para que no haya “¡ni una gota más de sangre colombiana!
Esa orden no fue acatada pero levantó el estado de Sitio, derogó el estatuto de Seguridad, en diciembre del 82 concedió la amnistía y se abrieron las puertas de las cárceles. Su discurso conciliador, los abrazos, la libertad y los esperanzas revitalizaron el sí se puede parar el rio de sangre y el cultivo de odios.
La reunión de Betancur con el M-19 en Madrid, la Convocatoria de la Comisión de Paz, el desmonte del cogobierno cívico militar hizo explotar al general Landazabal, ministro de Defensa. “Las fuerzas Armadas no son deliberantes” disciplina Belisario, lo destituye y nombra al general Matamoros D´costa, dejan de sonar los sables pero con su muerte prematura el destino jugará una mala pasada como afirmará García Márquez, garante del proceso de paz.
Pionero, en 1984 firma en La Uribe un acuerdo de cese al fuego con las Farc, de allí nace la UP, y, en agosto, lo hace también con el EPL y el M-19 reconociendo a la insurgencia como “movimiento popular alzado en armas”. Los ex presidentes y la ANDI altivos le recriminan que con ello reconocía la existencia de 2 ejércitos, lo constitucionalmente que era inadmisible
Pero la paz era un deseo y propósito nacional, el país como hoy, se polarizó y se puso a rojo vivo con líderes del M-19 llenando plazas y, más aún, luego del ataque del ejército a sus fuerzas en tregua justificado en la falsa acusación que tenían un secuestrado. Víspera de la navidad, en México el presidente y el jefe del M-19 Iván Marino Ospina, luego de valorar el engaño y en enero de 1985 refrendan un frágil cese al fuego.
Betancur ya es otro, el intento de civilizar la política terminó politizando el conflicto
¿Mató el tigre y se asustó con el cuero? Sí, sin duda. No asistió a la instalación del fallido Diálogo Nacional, el embajador Tambs criticó el proceso y la guerra de baja intensidad irrumpió, incrementándose de paso el gasto militar. Al fallecer el ministro de Defensa asume el general Vega Uribe, violador de los derechos humanos. La confianza desaparece.
Pablo Escobar ordena el asesinato del ministro Rodrigo Lara y Betancur restaura el estado de Sitio. La guerra contra la mafia incrementó la militarización del país. Los asesinados sin asesino se incrementan
Atentan contra Los voceros del M-19 en Cali y los hostigamientos y acusaciones mutuas conducen a la ruptura de la tregua.
El 20 de julio ante el Congreso Belisario dijo: “Firmé los acuerdos con la insurgencia para lograr su desarme en todos los sentidos de la palabra. Su desarme político, su desarme moral, su desarme material”.
Prisionero del ayer lo nuevo se ahogó en sangre y en el Palacio de Justicia se calcinó esa ilusión de paz.
Prometió que al morir contaría lo que calló. Queda la esperanza que el humanista cumpla su palabra y sepamos los por qués de los dos Belisarios.




