Todavía podemos ganar la batalla
Columna de opinión de Rafael Vergara Navarro

Todavía podemos ganar la batalla
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Cartagena de Indias
Ardiendo en California miles de hectáreas de bosque en sucesivos incendios, con 70 muertos, 250 desaparecidos y más de 250.000 damnificados, los fuegos de Malibú y Paradise impulsaron a que ante el mundo el presidente Trump culpara con un tuit a la administración local. Lo sucedido se debe a que "La gestión del bosque es muy mala". "Damos miles de millones de dólares cada año, se han perdido tantas vidas. Hay que remediarlo ya, ¡o no habrá más pagos federales!"
Ante una pregunta sobre el cambio climático la respuesta fue un ¡No! evasivo y soberbio.
Sé que no hay peor sordo que el que no quiere ver. La Naturaleza le ha hecho sentir con dureza su inconveniente rechazo al compromiso de descarbonización pactado en el Acuerdo de París. ¿Será que piensa que para el PIB y sus pautas de producción y consumo es viable y vendible la geoingeniería que capture CO2 o disminuir el calor del sol?
¿Valorará que cada incendio del bosque y la desforestación creciente conducen al genocidio climático o al suicidio admitido sin remedio y baja respuesta?
Aunque agencias federales de EEUU el viernes 23 insistieron en que si no se actúa contra el calentamiento global, la economía de EEUU perderá el 10% de su tamaño al finalizar el siglo y tendrá que hacer mega inversiones para atender las tragedias ambientales anunciadas, Trump afloja las reglas ambientales porque según así crece más su país.
Es lo contrario a lo que dice Bárbara UnmûBig de la Fundación Erich Boll, que plantea que llegó la hora de superar la obsesión por la ganancia basados en la idea del bien público, en palabras del papa Francisco, el bien común.
Todos y especialmente nosotros tenemos que trabajar en la economía circular donde lo que consumamos regrese a la naturaleza –imitémosla- y cambiemos regulando lo que se produce y consume, responsabilizándonos.
Hagamos como el hacendado que asume la huella de carbono de su hato y destina un porcentaje de su heredad a resembrar el bosque.
Ante los Trump locales que existen, tenemos que fortalecer un radicalismo realista, ciudadano y organizacional, que demande y logre abonar a la justicia social y haga cumplir con la protección del ambiente.
Tenemos que defender las consultas populares sobre el uso del suelo, el subsuelo y el fondo marino, hoy enfrentados a la ambición. 37.000 ciudadanos en Fusagasugá dijeron no al fracking y el Consejo de Estado con su decisión fortaleció la voz del pueblo.
Que vendan el oro inoficioso que está en las bóvedas en lingotes pero no las reservas que están en las entrañas de nuestra nacionalidad.
Cartagena además de defender sus manglares tiene que superar el déficit de árboles haciendo realidad el plan de silvicultura, sembrando con la comunidad las orillas de los canales que drenan a la ciénaga de la Virgen. Igualmente para su descontaminación plena hay conectar al alcantarillado 2.800 viviendas en la zona suroriental.
Con radicalismo realista tenemos que lograr que el PGIRS se aplique y a más tardar en 5 años reciclemos mínimo el 50% de las más de mil toneladas diarias de residuos que producimos.
Pese al esfuerzo institucional, ver basura por doquier y caos con los escombros, muestra la urgente necesidad de cambiar los contratos de aseo, incluyendo más autoridad y una alta inversión en el cambio de la conciencia colectiva. Requerimos un ciudadano empoderado de su obligación de romperle el equilibrio al caos, separando en la fuente, reusando, reciclando y reduciendo los consumos superfluos.




