¡Junior, la pasión de una cuidad reflejada en un balón!
Con los colores del equipo tiburón son otra forma de celebrar los 205 años de Barranquilla

(Colprensa / Archivo)

Un 7 de agosto de 1924 en el barrio Rebolo, una mujer jamás se imaginó crear unos de los sentimientos más fuerte para un barranquillero. Luego de dos años, en 1929, en un barrio popular, Micaela Lavalle veía a sus niños jugar en las canchas polvorientas de la cuidad y se le ocurrió la idea de crear un equipo llamado: ‘Juventud infantil’.
Lavalle solo quería que sus hijos Marcos Mejía, Gabriel Vigorón Mejía y Juancho Mejía, se divirtieran después de terminar sus actividades académicas, pero jamás se imaginó que Barranquilla se enamorara de una camiseta rojiblanca.
Para un barranquillero no es un día normal cuando juega Junior, desde que se levanta ya tiene en su cabeza al equipo de sus amores y es tanto así, que al momento de saludar no dice: “Buenos días, sino Junior Días”.
“Para mí Junior es mi vida, no sé qué sería de mí y no existiera. Yo vengo comida a las afueras del estadio solo para entrar a ver a mi equipo. En la casa me critican eso, pero no saben lo que significa para mí. Yo en mi closet la mayoría de mi ropa son camiseta ‘Rojiblancas’, comentó José Ruiz, un hincha que lleva más de 40 años yendo al estadio.
Cuando juega el ‘Tiburón’ la cuidad cambia por completo. En las calles, negocios, empresas y en cualquier rincón de la ciudad muchas personas se ponen en el rol de entrenador y comienzan hablar de cómo debe jugar.
“¡Joda! Junior debe jugar con tres delanteros, no aguanta que se esté defiendo como sea tenemos que ganar la octava este año”, expresó un aficionado a sus compañero en medio de una tertulia creada en el bordillo.
El nivel social no importa, la religión, ni mucho las ideologías políticas que tengas, el amor por la divisa se deja a un lado todo hasta el punto que al momento de festejar un gol en el estadio Metropolitano todos se abrazan sin saber quién eres.
Después que se termina el partido, el estado de ánimo de la cuidad puede cambiar completo. Si el equipo gana todo es felicidad y se revive el carnaval, pero si el resultado es negativo la tristeza está al orden del día, la oscuridad en las calles es el reflejo de la derrota y el famoso ‘perrateo’ al día siguiente de los seguidores de otros equipos.
Gracias a las ‘pateadas’ de los hermanos Mejía, Junior se trasformó en uno de los símbolos más representativo de Barranquilla en cualquier lugar que el equipo fuera de casa.
¡Feliz Cumpleaños Barranquilla!




