Fue Dios quien lo encontró en el Bronx: familiar de exhabitante de la calle
Después de 16 años de búsqueda su familia encontró a Carlos Mario Duque.

Después de 16 años de nostalgia, pero no de olvido, la familia Duque encontró a uno de sus miembros que deambulaba por las calles de la fría Bogotá. Entre la emoción y asombro, Pilar Córdoba, prima del protagonista de esta historia, relató lo sucedido.
"Mi primo decidió venirse a Bogotá, porque él decía que se sentía pena al encontrarse con sus vecinos en el barrio, ya que él vivía en Medellín, por eso llego a Bogotá, en busca de un centro de rehabilitación para tener ayuda. Esa fue la última vez que supimos de su paradero", explicó Pilar.
En ese entonces, Carlos Mario Duque tenía 34 años y acogió las calles de la Capital como su hogar, durmiendo a la intemperie, entre el hambre y el miedo aprendió a convivir con desconocidos, supo cómo huir de las riñas y a no mirar hacia atrás para no ganarse enemigos. Sin embargo, los años no apagaron la esperanza y la familia empezó la búsqueda en territorios irreconocibles.
"Con ayuda de Integración Social comenzamos. Coincidencialmente en las dos partes donde él decía que asistía a dormir y a reciclar, habían estaciones de gasolina, entonces, ahí dejamos mi número de teléfono. Las personas de las estaciones de gasolina decían que sí, que lo conocían", dijo.
Como un milagro del cielo, una llamada entró al celular de Pilar, donde le informaban que Carlos Mario había aparecido en una de las estaciones de gasolina.
"Vimos los vídeos de los operativos del Bronx, y el salía de allí. Cuando lo encontramos, estaba tirado en el suelo, dormido, casi inconsciente, consumido de droga. No nos reconoció al principio, yo le dije 'Mayayo', así le decíamos, y él nos identificó, porque hace 16 años no le decían así ", relató.
Carlos Mario o más bien, Mayayo, ahora está con su familia. Asegura que el calor de hogar no lo cambia por nada. Ahora, se acostumbra a comer con cubiertos, no sabe cómo se manejan los nuevos celulares. A la calle la describe como un infierno imparable, a donde jamás quiere volver.




